Un vestido de mamá

... por eso elegí un título auto-referencial para este posteo. En realidad el vestido no es de mi mamá sino de la mamá de otra persona. Pero la frase resulta inmaculada. La palabra "vestido" seguida de la palabra "mamá" es casi un argumento narrativo. Tampoco se refiere a un vestido en concreto; propongo un análisis despojado respecto al significado de la palabra y una libre interpretación que no evada, por supuesto, a la metáfora. Entonces tenemos un "vestido" que no es un vestido y es a su vez una metáfora, y tenemos a "mamá" cómo un elemento desencadenante, rudimental, casi épico. La frase despierta tantas imágenes que incluso podríamos pensar en un vestido heredado; quizá el vestido sea de la mamá de la mamá de mi mamá; osea mi bisabuela. (En verdad es la mamá de la mamá de su mamá, ya que cómo dije antes, el vestido es de otra mamá que no es la mía). Punto.

Entonces heredamos un vestido (heredamos muchos) que trae consigo una experiencia pasada, un peso añadido, un olor gastado y vacío. Pero seguimos sin reparar en ello. Y sin querer, olemos diferente, lucimos diferente, y con un caminar esquivo y retardado, cargamos el peso del pasado.
El vestido es social, el vestido es familiar, el vestido es cultural. Y apuesto que lo sabemos. Pero sin embargo vamos al closet y lo volvemos a tomar. Ya conocemos su tela, sabemos cual abriga y cual refresca, conocemos su tamaño, su corte, su diseño. Entonces vamos seguros.
Y una cosa que lo agrava todo, es que vamos a cuidar y proporcionar la hegemonía de ese vestido. Nos vamos a segurar que las generaciones posteriores lo sigan usando. Resulta casi patético.

Las ideas son de una utilidad muerta. Tenemos que andar desnudos de ellas. Despojados de ellas. Las ideas sólo sirven para ajustar al cuerpo un ropaje cansado, mohoso. Tenemos que andar desnudos de todas las ideas, de todos los pensamientos, de todas las costumbres que se nos imponen arbitrariamente, y cómo un remolino nos arrastran una y otra vez fuera de nuestro verdadero camino.
Con los pies descalzos y fríos, sólo quise decirte que empieces a ser vos mismo.

El individualista

Las primeras anotaciones de la mañana:

Derribamos la casa y construimos una nueva sobre los mismos cimientos.
Limpiamos el agua pero conservamos el estanque.
Danzamos de un veneno a otro cómo autómatas.
Nos falta observar, nos falta observarnos.
Nunca llegamos porqué no hay ningún lugar a donde llegar.
Punto.

Las intempestivas traducciones de la noche:

Nos falta ser más egoístas. Hace falta vivir la soledad cómo el respiro del deseo y no cómo una condición de las circunstancias. La hipérbole es sentirse acompañados; esa si que es una mentira que nos sienta bien y a la larga nos envenena.
Pero hay una estupidez mayor y es la de aborrecer la individualidad. Entonces las personas insistimos en congregarnos, es relacionarnos, en forjar sistemas que evadan, de una forma un otra, la risa afanosa y tremenda de la soledad. Pero a lo que ellos llaman risa y felicidad, yo llamo estupidez y distracción. Hay que divertirse menos y preguntarse más.

Definición:

Hasta que no rompamos con todo lo que supimos, hicimos y entendimos, jamás seremos completamente libres.
Una proeza mayor es la de ni siquiera intentarlo; el iluminado entenderá.