A título de nada

Cómo se derrite la vida en mis manos.
Cómo se decolora.
Se desarma la vida. Se cae, y yo mirando sin estar ahí, viendo como las cosas pasan y sin decir nada me pierdo atravesando ese umbral que esquivo llamar embriaguez perpetua.
Qué inocente, qué tontamente inocente, uno se queda ciego y se despoja facilmente, tan facilmente. 
Pero la vida se cae y sigue cayendo y callando, que no hay final para caer ni hay fondo ni hay nada, mas que el silencio que al mentirnos o al mirarnos refleja el alma. 
Temiendo a lo que le temo, doblemente con terror, aterrorizado, de ser eso que me da miedo ser, lo que me deja parado.
Cayendo y callando, hablando casi siempre.
Yendo a lo profundo, aunque vos no vengas conmigo, porque nadie tiene que ir porque si- ni tampoco yo tengo-, pero quiero hacerlo para decirme a mi mismo que no me mentí, que fui, que quise hacerlo y fui a mirarme la cara y la espalda y los brazos y a celebrarme o a redimirme, pero fui. 
Me escupo y me beso, eso soy o no soy nada.
Y caigo cayendo de nada. De muerte y de vida, pero cayendo...

           quiero sostener este hilito en el umbral. 

                                               ¿Puedo?