Sobre ciegos hidalgos aquellos estos todos

Vaciá tu vaso, aplastalos.
Que haga eco el universo, que corra la voz. 
Somos la infinita partición de un tiempo que no podemos entender, menos por insensatos que por incapaces. 
Arraigados a este cuerpo, a esta vida, a esta desolación ¿De que otra forma podría ser?
Hay horror en los ojos del pasado que se agita con culpa.  
Hay tributo al odio y al deseo en este humano interior que nos acredita; lo llamamos altruísmo y amor, pero es odio y deseo.
Vaciá tus ideas y aplastalos de una vez.
Que ellos son las dudas.
Aplastalos en versos y melodías que los involucre, como nos involucra el hambre, la necesidad de poder, el vaciamiento, la rigidez y la justificación.
No hay nada que hacer, no hay nada que ser.
Todo está acá, donde nunca estuvo ni estará.
Entonces andá de una vez, corrompé al hombre común, cortá su soga, acorralalo.
Que la cultura no es más que un crédito que pagamos en cuotas.
Acá la rumba es otra.
Acá las palabras las dictan los sueños, las esperanzas rotas pero aún proclives. El corazón. El corazón terrible del poeta, de la fuerza, de la vida que se filtra en la emoción de dar.
Somos las nuevas canciones, las nuevas películas, las nuevas novelas, los nuevos colores.
Vaciá tu vaso y aplastalos.
Animate a ser este sacrificio que, como un eufemismo, llamamos arte. 
Vaciá tu vida y dásela al porvenir, 
que lo que queda por vivir ya comenzó mucho antes.