Hundertwasser

Hace más de once años, cuando yo aún no cumplía los veinte, descubrí la obra de Hundertwasser. Mi corriente era otra. Desde muy chico mis ojos no pudieron escapar del infinito espectáculo de los impresionistas, de los expresionistas y de las obras clásicas; la naturaleza y la violencia de la erudición eran una mezcla perfecta para mi pasión por la pintura. Por razones que desconozco pero que siempre son consecutivas y concéntricas, el universo de lo plano de Hundertwasser llegó hasta mi. De aquel momento hasta ahora, su obra, sus ideas, y sobre todo su grandeza arquitectónica y paisajista, fueron modelo -sino instrumento- de algunas de mis ideas sobre el mundo, y fueron además grandes motores de inspiración en los momentos en los que uno anda sediento de tales.
     Esta fría tarde de febrero, que para mi ya pasó, y que por cuestiones que parecen dispares o acaso no correspondidas, pero que por el contrario se relacionan profundamente con el hecho, tuve por primera vez frente a mis ojos las obras de este gran maestro que es Hundertwasser. 

Siento -creo sentir, ya que la afirmación siempre corre su riesgo- que todo arte es complementario. Yo siento que cada estilo es a su vez una transformación de otro, una entonación o una exageración de lo precedido y de lo sucesivo. No podemos pensar a los Beatles sin pensar en Liszt, tanto como no podemos pensar en Liszt sin pensar en Turner o en Dostoiesvski o en Oscar Wilde o en Kubrik. El universo del arte, de las obras de arte, las que desnudan, las que nunca coagulan, las que persisten y las que nos transforman, son coexistentes con todo lo que las rodea; no serían nada sin nosotros como tampoco seríamos nada sin ellas.
Nietzsche dijo alguna vez algo muy hermoso; "la vida sin música sería un error". Acudiendo a su sabias palabras,  creo que la vida sin arte sería un error. 

Friedensreich Hundertwasser representa para mi un símbolo de vitalidad, de deseo, de amor hacia uno mismo y hacia a los demás; el de mejorar las cosas, el de hacerlas mejor; el de ponerlas en acción, el llevarlas a cabo, el de hacer el verbo carne. Caminar sus calles, sentir su nieve, bailar su idioma, advertir las proezas, los aciertos, la dificultad y el atisbo, es tan enriquecedor como su Hundertwasserhaus y la infinidad de sus obras, todo, tan vivo e inevitable como siempre lo imaginé. 

Ilustran el posteo algunas fotos en la Hundertwasserhaus.