Lo que vi o Sobre la última de Woody Allen

Lo que vi.

Hace un tiempo, es decir no hace mucho, tomé la acertada decisión de abandonar el cine. Sacudido por el desconsuelo de no encontrar un cine por el cual me sienta realmente interesado -por el contrario, cada hallazgo era a su vez un nuevo fracaso-, decidí poner un stop. Olvidando incluso las grandes obras maestras que con tanta devoción me defendí en otro tiempo. Pero, al igual que en la relectura, la incontable repetición con la que vi ciertos films, sobre todo los de Godard, fueron gastando la sorpresa, así como la capacidad de sorprenderme.
Pero, en ciertas ocasiones, en que el ritual de ver cine es una excusa superior a el hecho de hacerlo, la necesidad de saborear una buena película acude a mí. Así llegué a "To Rome with love", la última película de Woody Allen. Lo primero que pensé fue "¿que le pasó?"; lo segundo "se le pasó". Si digo que la película es malísima, no solo estoy utilizando un eufemismo, sino que además estoy haciendo un juicio de valor y se me puede acusar de desatino. Pero que va! Ni siquiera estoy haciendo una crítica sobre cine. La película es mala; es sobre todas las cosas mala. Entrar en detalles me resulta aburrido por ser inútil e inexacto.
Me queda, al menos, la convicción de que mi premisa es una realidad: el cine actual no está dando obras de profundo valor, ya sea un valor estético, un valor psicológico o un valor poético. Todo está concentrado en los recursos de hacer cine y no el "porqué" hacerlo.

Lo que vi es lo que no volveré a ver.