Volver a la nave rítmica

Hace algunos días atrás, mientras preparaba el concierto acústico que dimos la semana pasada, me enteré -paradójicamente era uno de los homenajeados- que el flaco Spinetta dijo, a propósito de mi partida de Catupecu Machu, que ahora iban a tener que llamar a Tyson para que me remplace. El elogio me sorprendió menos por la analogía que por la felicidad que producen las palabras de las personas que admiramos. Ciertamente, la batería es un instrumento muy extraño que nunca abandoné del todo. Tengamos en cuenta que el piano -instrumento con el que también compongo y el cual ejecuté durante muchos años en Cuentos Borgeanos- es también un instrumento rítmico. También lo es, incluso,mi forma de tocar la guitarra.

Cuando comenzamos con la pre-producción de Ciudad, el primer disco de Albrío, el cual produje y el cual, ya en vísperas de ver la luz, me llena de una profunda felicidad, volví a conectarme mucho con la batería. En parte porque disfruto mucho la manera en que toca Fran, baterista de Albrío, y ese juego de seducción me dio la posibilidad de meterme, junto a él, en la composición y la búsqueda de los ritmos, así como lo hicimos con los otros instrumentos. Luego en El Pie, grabando las bases, también me sumergí muchísimo en el instrumento ya que la búsqueda de audios fue bastante obsesiva, por suerte, y los resultados son grandiosos.

Te cuento esto, lector, para introducirte en la felicidad que me produce subirme a tocar la batería después de casi once años de no hacerlo. Tuve mi pre-calentamiento cuando Mariano (Albergoli) me invitó a tocar "Hombre al agua" en el Samsung Studio unos días atrás. Ahora, los Albrío me dan esta feliz oportunidad de reencontrarme con esa parte de mí que yacía suspendida vaya uno a saber donde. La felicidad es doble porque lo hago tocando canciones que amo y que, a pesar de no ser autor de ellas, siento como propias.

Esta semana estuvimos ensayando muchísimo- aún quedan dos ensayos- y la cosa va creciendo. No es fácil lograr una armonía en una banda de rock cuando la propuesta es a dos baterías; pero creo que con Fran fuimos entendiendo de que se trata y si bien aún nos falta incurrir en algunos detalles, el foco ya está puesto: alea iacta est.

Los espero, con la ansiedad y la emoción que la dulce espera supone, a todos aquellos que tengan ganas de compartir este lime que solo la gratitud musical nos permite. 
Volver a la nave rítmica, transformar cada golpe en pétalos sonoros.

La cita: El próximo sábado a la una de la mañana en Groove.

El plus-ultra: La entrada es gratuita. Acá tienen los detalles. http://goo.gl/8kp5y