Autocritica y agradecimiento

Amanecí ayer con ganas de publicar un sincero agradecimiento a todos los que estuvieron presentes en el concierto del sábado. Pero me detuvo una circunstancia no menor, un vago sentimiento de bronca o estupor, nacido de mi inevitable sentido de autocrítica: el saludo decía "Gracias a todos los que estuvieron, el show estuvo increíble". Pero esa no era la verdad... en lo que a mi respecta, me siento muy inconforme con el concierto que dí el sábado pasado. No me culpo, claro está. No podemos pretender hacer todo bien siempre, aunque en ello vayan las ganas y el empeño y el amor, tal como yo lo hago cada vez que subo a un escenario. Pero no "siempre" basta. Hay cierto mecanismo de defensa, lo cual no es malo, en uno mismo y en las personas que nos rodean, del cual trato de escapar siempre, apelando a la autocritica sincera y lúcida. Ciertamente estoy feliz por este comienzo que suponen esta serie de conciertos-homenaje, ya que siempre implican un riesgo, y, como dije el sábado "on stage", seguramente muchos de los que fueron esperaban canciones fornidas y equivalentes, y encontraron sentimientos descascarados... intencionalmente descascarados. No puedo negar que el concierto tuvo momentos hermosos, sin sublimar, como cuando tocamos "Pipo, la serpiente" de Miguel Abuelo o cuando hicimos "Puente" de Gustavo. Pero eso tampoco basta.

En cuanto a ustedes, ahora sí, debo agradecerles por estar ahí, no solo por la presencia, que es siempre un señuelo de amor y amistad, sino por justificar mis locuras y mis giros... probablemente nada de lo que uno hace como artista tendría sentido sin el aval de los que tan furtivamente acompañan esos pasos; como un ritmo que se da secretamente, lo que en la música llamamos "tempo", así son esa presencia y esas sonrisas cada vez que me subo al borde del abismo (el escenario).

La amistad a todo riesgo de Mariano Albergoli es un asunto que merece páginas aparte... otro, que como ustedes, sabe y entiende de lo que hablo, y acariciando las circunstancias, nos brindó el sabor de su guitarra, siempre atenta, y de su voz co-piloto y hermana.

De los textos de Sebastián Esposito no tengo nada que decir; fueron hermosos. Disfrute de las lecturas de Hernán (quien esa noche, entre tema y tema nos leía), como se disfruta de un buen libro o de la belleza. Sebastián supo incurrir con destreza idiomática y veracidad, y con la dificultad de textos breves, en la vida y el corazón de los homenajeados.

Respecto a mí, pude haber dado mucho más, y con eso digo todo. Lo hermoso de vivir es que siempre estamos viviendo.

Fue el primero de este ciclo que intitulamos "Sobre Pilotos y Poetas" y no fue el último. En el próximo, el 2 de noviembre, también en La Oreja Negra (que lindo lugar! que buen escenario! que buena gente trabaja ahí! que atmósfera tan amena!), juro arremeter contra viento y marea, y con el entusiasmo y las ganas que afloran de mi, sobre las cosas en las que, en mi parecer, fallé.

"... solo la inquietud te salva".