Entre comillas se escribe mi nombre. (A ningún pintor)

¿Puedo doblegarme? ¿Puedo observar algo sin que esto me afecte? ¿Puedo mirarlo, simplemente?
Atrapo aquel sueño absurdo que alguna vez llamé amistad y lo miro otra vez, bordándolo con vértigo, con desvario, con cierto placer.
La poesía no se escribe todos los jueves; la poesía es una lluvia solitaria que cuando la entiendas va inundar todos los días. O Ninguno.
No se es artista por tomar un pincel y desdibujar la vida para tapar el vacío; el de los miedos, el de la incapacidad, el de "no llegar". El miedo a jugártela. Por algo, por alguien, por vos.
Y que esa misma mano que juega "al pintor" sea la misma mano que cuenta los billetes, es menos un acto de cobardía que de estupidez; y tampoco es arte.

Tu hipocresía me asusta menos de lo que me entristece.
No porque espere un crédito a mi bondad -así como tampoco espero un castigo a mis torpezas-, sino porque es tan berreta el discurso, que hasta me quita las ganas.
¿Son estos versos un juicio de valor? ¿Debe uno entender que la deshonra no es más que un sistema de reflejo?

Los falsos haikus sirven para deslumbrar aduladores; acá la rumba es otra. Esa falsificación barata no sorprende. Es barro. Es otro pedazo de mierda con el que te seguís tapando.
Y podes entenderlo o no; despertar ya no cuenta, es una astucia a la que por pereza y comodidad no pudiste acceder.
Lo interesante de sumirnos en nuestra propia obnubilación es que terminamos por llamar paisaje a la bruma espesa que nos cega. Así sos vos.

No acaricio este final, justamente por ser TAN final.
No te culpo, porque el abismo que nos distancia es una hoja seca que no pienso recoger.
Lo fascinante de la vida, es la vida, y, a partir de ello sus incontables dimensiones.
Estamos los que la viven, y están los que , como vos, la simulan... la caretean.












Volver a la nave rítmica

Hace algunos días atrás, mientras preparaba el concierto acústico que dimos la semana pasada, me enteré -paradójicamente era uno de los homenajeados- que el flaco Spinetta dijo, a propósito de mi partida de Catupecu Machu, que ahora iban a tener que llamar a Tyson para que me remplace. El elogio me sorprendió menos por la analogía que por la felicidad que producen las palabras de las personas que admiramos. Ciertamente, la batería es un instrumento muy extraño que nunca abandoné del todo. Tengamos en cuenta que el piano -instrumento con el que también compongo y el cual ejecuté durante muchos años en Cuentos Borgeanos- es también un instrumento rítmico. También lo es, incluso,mi forma de tocar la guitarra.

Cuando comenzamos con la pre-producción de Ciudad, el primer disco de Albrío, el cual produje y el cual, ya en vísperas de ver la luz, me llena de una profunda felicidad, volví a conectarme mucho con la batería. En parte porque disfruto mucho la manera en que toca Fran, baterista de Albrío, y ese juego de seducción me dio la posibilidad de meterme, junto a él, en la composición y la búsqueda de los ritmos, así como lo hicimos con los otros instrumentos. Luego en El Pie, grabando las bases, también me sumergí muchísimo en el instrumento ya que la búsqueda de audios fue bastante obsesiva, por suerte, y los resultados son grandiosos.

Te cuento esto, lector, para introducirte en la felicidad que me produce subirme a tocar la batería después de casi once años de no hacerlo. Tuve mi pre-calentamiento cuando Mariano (Albergoli) me invitó a tocar "Hombre al agua" en el Samsung Studio unos días atrás. Ahora, los Albrío me dan esta feliz oportunidad de reencontrarme con esa parte de mí que yacía suspendida vaya uno a saber donde. La felicidad es doble porque lo hago tocando canciones que amo y que, a pesar de no ser autor de ellas, siento como propias.

Esta semana estuvimos ensayando muchísimo- aún quedan dos ensayos- y la cosa va creciendo. No es fácil lograr una armonía en una banda de rock cuando la propuesta es a dos baterías; pero creo que con Fran fuimos entendiendo de que se trata y si bien aún nos falta incurrir en algunos detalles, el foco ya está puesto: alea iacta est.

Los espero, con la ansiedad y la emoción que la dulce espera supone, a todos aquellos que tengan ganas de compartir este lime que solo la gratitud musical nos permite. 
Volver a la nave rítmica, transformar cada golpe en pétalos sonoros.

La cita: El próximo sábado a la una de la mañana en Groove.

El plus-ultra: La entrada es gratuita. Acá tienen los detalles. http://goo.gl/8kp5y

Autocritica y agradecimiento

Amanecí ayer con ganas de publicar un sincero agradecimiento a todos los que estuvieron presentes en el concierto del sábado. Pero me detuvo una circunstancia no menor, un vago sentimiento de bronca o estupor, nacido de mi inevitable sentido de autocrítica: el saludo decía "Gracias a todos los que estuvieron, el show estuvo increíble". Pero esa no era la verdad... en lo que a mi respecta, me siento muy inconforme con el concierto que dí el sábado pasado. No me culpo, claro está. No podemos pretender hacer todo bien siempre, aunque en ello vayan las ganas y el empeño y el amor, tal como yo lo hago cada vez que subo a un escenario. Pero no "siempre" basta. Hay cierto mecanismo de defensa, lo cual no es malo, en uno mismo y en las personas que nos rodean, del cual trato de escapar siempre, apelando a la autocritica sincera y lúcida. Ciertamente estoy feliz por este comienzo que suponen esta serie de conciertos-homenaje, ya que siempre implican un riesgo, y, como dije el sábado "on stage", seguramente muchos de los que fueron esperaban canciones fornidas y equivalentes, y encontraron sentimientos descascarados... intencionalmente descascarados. No puedo negar que el concierto tuvo momentos hermosos, sin sublimar, como cuando tocamos "Pipo, la serpiente" de Miguel Abuelo o cuando hicimos "Puente" de Gustavo. Pero eso tampoco basta.

En cuanto a ustedes, ahora sí, debo agradecerles por estar ahí, no solo por la presencia, que es siempre un señuelo de amor y amistad, sino por justificar mis locuras y mis giros... probablemente nada de lo que uno hace como artista tendría sentido sin el aval de los que tan furtivamente acompañan esos pasos; como un ritmo que se da secretamente, lo que en la música llamamos "tempo", así son esa presencia y esas sonrisas cada vez que me subo al borde del abismo (el escenario).

La amistad a todo riesgo de Mariano Albergoli es un asunto que merece páginas aparte... otro, que como ustedes, sabe y entiende de lo que hablo, y acariciando las circunstancias, nos brindó el sabor de su guitarra, siempre atenta, y de su voz co-piloto y hermana.

De los textos de Sebastián Esposito no tengo nada que decir; fueron hermosos. Disfrute de las lecturas de Hernán (quien esa noche, entre tema y tema nos leía), como se disfruta de un buen libro o de la belleza. Sebastián supo incurrir con destreza idiomática y veracidad, y con la dificultad de textos breves, en la vida y el corazón de los homenajeados.

Respecto a mí, pude haber dado mucho más, y con eso digo todo. Lo hermoso de vivir es que siempre estamos viviendo.

Fue el primero de este ciclo que intitulamos "Sobre Pilotos y Poetas" y no fue el último. En el próximo, el 2 de noviembre, también en La Oreja Negra (que lindo lugar! que buen escenario! que buena gente trabaja ahí! que atmósfera tan amena!), juro arremeter contra viento y marea, y con el entusiasmo y las ganas que afloran de mi, sobre las cosas en las que, en mi parecer, fallé.

"... solo la inquietud te salva".