Sobre la amistad

Vas a leerme con cuidado.
Soy un raro anfibio con branquias en la piel.
Soy del color de la uva fresca, transformada, pisoteada, narcótica y feroz.
Voy a quebrar tus ojos con palabras sucias, masculladas, impuras. Y vas a correr.
Porque no te gusta la verdad. Porque la verdad es demasiado divertida y de un sabor estridente, casi ácido. Porque la verdad es explosión.
¿Vas a descender, arrastrándote como un parásito al nido podrido de la sociedad y vas a pedir refugio y consuelo? ¿Les vas a rogar ser uno de ellos? ¿Les vas a jurar que en vos ya no hay fuego?


Aquí arriba hace demasiado frío para los "sanos".
Aquí habitan las bestias y los locos y los poetas.
Aquí hay demasiada soledad, y demasiadas agallas.
Aquí, el grito es desvalido y no hace eco, porque el aire es un vacío infinito que no debemos colmar.
Y si no hay baile no importa, mañana lo habrá; entre los locos juzgamos menos la desazón que el exilio.


Un silencio sin manos me abraza.
Entrecierro los ojos y las luces lejanas se diluyen, agudas y diminutas... tan ajenas.
Quisiera volver y traerte a través de "algo" que no sea yo; esta felicidad no cabe en mis versos.
El escudo puede durarte pero esa no es la cuestión.
Hay algo más que mil pedazos de recuerdos atravesando el misterioso olvido;
hay una suma exacta, que no conduce a nada, y que por una extraña fantasía que nunca cuestionaremos, llamamos amistad.
Que solos que estamos. Que solos que vamos a estar siempre.