Me compartieron esta foto amablemente y me contaron una historia acerca de ella, la cual me reservo. Pero la foto la tengo en el dock de mi computadora. La miro bastante seguido; lo suficiente para no sentirme abrumado.
Me abraza la felicidad de haber transmitido mi devoción y mi amor por Borges a su mujer, María Kodama, quien con una devoción mayor y un amor incalculable me sonrió, miró para adentro, y en su representación, aprobó mis inocentes deseos artísticos.