Entreveros y certezas

Hay estupor en la búsqueda, por supuesto. Y en esa fragilidad casi deliciosa que es la búsqueda uno suele distinguirse entre las cosas que tienen valor y las que no lo tienen. Desde luego que yo mismo me distingo entre las cosas que valoro, ya que de otra manera sería un farsante.

 Digo esto en base a ciertos pensamientos que en estos últimos días -estas últimas vidas- vienen girando en torno a mi "dura" cabeza. El desafío para mi siempre es el mismo; quien soy, que soy, como soy, hasta donde soy; el amor, la felicidad, la muerte, la vida y el quilombo de la vida.
Queda claro que mi herramienta fundamental es la música. Vengo haciendo canciones mucho antes que cualquier otra cosa. No utilizo la música ni ella me utiliza a mi. Coexistimos en un inagotable darnos sin pretender del otro nada a cambio. Aunque no puedo negar que he logrado escribir ciertas canciones que son muy buenas, sobre todo en lo que a la poesía se refiere. Pienso en Mis palabras, pienso en Frío y pienso en mi último disco en donde abundan iluminaciones que son menos mías que de mi largo camino.

Pero aún no he llegado.

(Quiero excluir de mi vocabulario la palabra "ambición". Nada de lo que hago gira en torno a dicha palabra ni a sus atributos. Sin embargo, como mortal y como eremita, debo enfrentarme a la sugestión de quienes se encuentran secuestrados por sus raquíticas ambiciones; por ejemplo, la persona que me prestó una gran suma de dinero para la grabación de El Piloto Ciego, terminó corriéndome con un contrato y con el terror "legal" para asegurarse sus sumas, sin advertir el profundo valor artístico del disco en el que con falsas buenas intenciones había hecho su aporte capital. Yo mismo me vi enfrentado a esta terraquea devoción, implicándome, como siempre, a Todo y Todo por el arte. No me chupé el dedo entonces, y menos me lo chupo ahora.)


Pero aún no he llegado. Todavía aguarda, espero, la nota definitiva, la palabra acústica que lo delimite todo. Intuyo que El Piloto es un presagio de ello, al menos un boceto.
Sin plumaje arriesgo mi tiempo, siendo capaz de perderlo todo por encontrar la inevitable circunstancia que confirme mi destino.
Lo demás es de la música.