Entonces

... entonces me hallo deshabituado a la prosa narrativa porque con ansias no electivas este blog se fue acercando más a lo poético que al inicial formato de diario -¿de diario?-, en donde de manera impersonal y apartada fui desglosando pareceres y sentimientos, dardos y venenos, promesas y desaciertos. 
Pero hoy vuelvo a escribirte/me. Y es un Hoy mayúsculo, con un Piloto que también es un sonido y también es "canciones" y también es un disco.
 Un hoy acudido, impostergable, en donde podría hablarte de ciertas personas, puntualmente de las que me quieren joder, o coger, "que no es lo mismo pero es igual", pero estaríamos perdiendo la gracia -divino consuelo- de sentirnos más bohemios que otra cosa. 

... entonces me lo imagino a Borges metiendo sus primeros cuentos -editados por él mismo-  en los bolsillos más cercanos y me siento como él. ("Como él" respecto a meter arte en los bolsillos y no a su inalcanzable genio literario, claro está, pero de lo claro aclaro, porqué más de un pelotudo va a decir que me comparo con Borges). 
Pero, como alguna vez escribí, SIGO VIVO. Por eso el en-ton-ces. 
"David Cronenberg and William S. Burroughs invite you to lunch" leo en un afiche pegado en la pared y me distraigo.

... entonces busco algo nuevo para decirte. Una palabra. Mis palabras. Quiero remarcar que en tu decepción también hay un consuelo. Así como la certeza es una cara de la duda. Quiero decirte que la verdadera astucia es emigrar de nuestros pensamientos, nuestra cultura, nuestras barreras, de nuestros ritmos. No se puede atar al Ser porque su intangibilidad es su gloria. 
Amo las diferencias hasta que, de tan diferentes, se vuelven familiares. Se repiten. En unos y en otros. Y cuando estemos "a un millón de años luz de casa", sabrás entenderme. 

...entonces vuelvo al ENTONCES. Más como una posibilidad que como un entendimiento. Más como una afirmación que como la suspensión de los deseos, tus deseos, los mios, los de todos.

... de la vida subliminal a la cotidiana, la del supermercado chino, la del abrazo dulce de la persona que te ama, la de los libros, la del insomnio, la de la poesía enigmática, la que llega cuando quiere, sin cita, o la que se esconde es sus manos, esas que miro todos lo días, y en donde muero y muero y muero, para volver a nacer o para no volver jamás.