Cántaro de lo nuevo

Dejo la superficie. 
Las palabras no tienen ningún valor. 

Dejo la superficie. Corrompida. Infausta. Ahora ajena.
Muerdo un pedazo de mí, casi con ánimos de recordar que alguna vez fui la gota-inercia que ya no soy. 

No hay a donde ir porque no hay en donde quedarse. 
Me silencio a gritos.

Dejo la superficie y me deslizo en la profundidad cómo una pluma flotando en el aire. 
Ya no hay vacío.
Ya no hay lenguaje. Ya no hay "mi yo".

Dejo la superficie. 
Y no hay verdad porque no hay mentira.
Ya no hay cazador porque nos devora el hambre.
El hambre de vivir. El hambre de celebrar otra vez. El hambre de no ser iluminado ni iluminador.

El espejo está nublado. Las coordenadas torcidas. La hoja en blanco. El fuego mojado. 
Dejo la superficie y todo es sonora profundidad, cantos polífonos, colores de dulce sabor.

Olas de humo se llevaron mi nombre. Y ahora quien responde es otro rigor.
Fui la anémica proyección de mis padres. 
Fui la angustiante imagen de los demás.
Fui yo mismo. Fui un cuarto mes. Fui un mancebo. 

Y ahora soy sin serlo. 
Ahora soy si verlo.
Ahora soy.

Dejo la superficie.
La existencia espera mucho más que suspiros tartamudos.
Inhalo. Exalo. Otra muerte que borré. Estoy llorando sin llorar... all is full of love.