Cántaro de lo nuevo

Dejo la superficie. 
Las palabras no tienen ningún valor. 

Dejo la superficie. Corrompida. Infausta. Ahora ajena.
Muerdo un pedazo de mí, casi con ánimos de recordar que alguna vez fui la gota-inercia que ya no soy. 

No hay a donde ir porque no hay en donde quedarse. 
Me silencio a gritos.

Dejo la superficie y me deslizo en la profundidad cómo una pluma flotando en el aire. 
Ya no hay vacío.
Ya no hay lenguaje. Ya no hay "mi yo".

Dejo la superficie. 
Y no hay verdad porque no hay mentira.
Ya no hay cazador porque nos devora el hambre.
El hambre de vivir. El hambre de celebrar otra vez. El hambre de no ser iluminado ni iluminador.

El espejo está nublado. Las coordenadas torcidas. La hoja en blanco. El fuego mojado. 
Dejo la superficie y todo es sonora profundidad, cantos polífonos, colores de dulce sabor.

Olas de humo se llevaron mi nombre. Y ahora quien responde es otro rigor.
Fui la anémica proyección de mis padres. 
Fui la angustiante imagen de los demás.
Fui yo mismo. Fui un cuarto mes. Fui un mancebo. 

Y ahora soy sin serlo. 
Ahora soy si verlo.
Ahora soy.

Dejo la superficie.
La existencia espera mucho más que suspiros tartamudos.
Inhalo. Exalo. Otra muerte que borré. Estoy llorando sin llorar... all is full of love. 




G.C.

El riesgo es el camino más intenso.

Buenos Aires vs. Arte

¿Qué pasó con el arte de Buenos Aires?
Hace semanas que recorro galerías, openings, muestras, recitales, librerías  y nada.
¿En dónde están los grandes escritores, los grandes poetas? ¿En dónde está la música comprometida, LA PINTURA COMPROMETIDA?
¿A dónde fueron a parar los artistas que se la juegan, los originales, los que crearon con manos de fuego?

Resulta, entre otras cosas, decepcionante. Pero a su vez debe darnos aliento, sino inquietud, cómo también un gran sentido de conservación.
Se me viene a la cabeza aquella idea de Borges sobre la relectura. Él aseguraba que muchas veces es mejor releer que sumergirse en el mundo de un nuevo escritor. Atribuía esta decisión a la falta de tiempo; mejor -decía- reflexionar una y otra vez sobre una obra, de manera que podamos profundizar sobre ella, y no quedarnos en la superficie de tantas otras. Pero en este caso sería diferente; acudir a los artistas del pasado es para mi una defensa a la integridad artística que mi corazón quiere -debe- conservar.

Quiero decirte que no comas basura. Quiero decirte que todos esos artistas de repostería que están dando vueltas por ahí y que lo único que buscan es reconocimiento, cuando no una forma fácil de pagarse las vacaciones o un trago en algún bar snob de Palermo, te están mintiendo, o lo que es peor, no te están diciendo nada. Quiero decirte que todo esto está transformando a Buenos Aires, la capital latinoamericana de las artes, en una ciudad falsa y superficial. Es tan deprimente!

Desde los hermanos Expósito hasta Gustavo Cerati. Desde Antonio Berni hasta Yuyo Noé. Desde Borges, Cortázar, Sábato, Bioy, Puig, hasta Fogwill, el gran Fogwill. Todos ellos tiñeron a esta ciudad con una visión del mundo, con un sentido y un concepto sobre la existencia, sobre el amor, sobre la vida y la muerte que llegaba a lo más profundo del alma humana. Todos ellos nos proporcionaron una mirada más sincera y amorosa y jugada acerca de nuestras vidas. Con estilo y compromiso. Anteponiendo sus propias vidas por el Arte, para que sus "incendios" se propaguen universalmente. Y lo lograron.

¿Qué pasó con el arte de Buenos Aires? No es una pregunta nostálgica, claro está, ya que no soy una persona nostálgica. Es una pregunta y ya, no le busques doble significado. Es una pregunta directa y concreta que te hago al hacerme, proponiendo a su vez una incógnita y un profundo deseo de búsqueda.

¿Qué pasó con el arte de Buenos Aires?