Sin "mi" para sin "vos"

Me saco la cara.
Me saco un brazo y luego el otro.
Me quito las piernas, los pies, los dedos.
Vacío mis órganos, desparramo mis huesos.
Sale un diente y otro y otro.
No hay pelos que cortar ni oídos que puedan escuchar.
No hay ojos, no cuerdas vocales. No queda vestigio de ninguna mano.
Y ahora soy ese yo. Este yo. Ese que no conoces.
Y ahora soy un yo que no necesita serlo. Un yo sin yo.
No tengo que abreviarme, justificarme, enaltecerme o redimirme.
Sin "mi" empiezo a ser lo que realmente puedo ser. Lo que debo ser.
No hay cuerpo. No hay piel. No hay viceras podridas ni sangre ni sistemas ni formas de sistemas.
No hay mente. Ni sobre mente. Ni espíritu. Ni alma. Ni nada.
Pero sigo aquí.
Y lo que hay ya no es porqué no necesita serlo.
Y aparece mi yo sin yo y te digo que no hay nada de mi que puedas saber.
No sin que antes encuentres tu yo sin yo.
Pues ahí veremos. Quizá nos encontremos.
Deja las piernas. Deja la cabeza. Deja los codos y las pestañas.
Deja el pasado, el presente, el porvenir. No lo hagas para siempre. Hazlo sólo por un instante.
Para encontrarme, si es lo que querés. Para conocerme. Para minarnos de cerca.
Ven a mi sin rostro, sin pensamientos, sin contaminantes.
Y nos vamos a entender cuando no haya nada que entender.

Suelto el lápiz. No hay punta capaz de escribir acerca de lo que hablo.