Mariposa negra

Adiós mariposa negra.
Bailarina de mis horas oscuras.
Acá te dejo y acá espero encontrarte.
En el mismo lugar en donde te encontré.
Debo recuperar mi cuerpo marchito, 
mis horas felices, la delicada sensación de sentirse amado y amante.
Adiós mariposa negra.
¿Cuando te veré? Resoplando en mis oídos, embriagando la multitud que es la soledad.
Ahora me alejo de ti y me contagio del mundo.
Necesito hablantes, escuchantes, consumantes. 
Debo alcanzar lo llano de la tierra, al menos en este instante.
Mariposa hermosa, negra y silenciosa, 
sabrás perdonar mi ingratitud, es que le debo todo al arte.
Sabrás no juzgar cuando mis manos húmedas, movedizas, 
busquen a esa mujer tremenda que las añora.
Sabrás decirme en silencio cual es tú último vuelo y así dejarme ir.
Apenas si sé de algo que pronto olvidaré.
Mariposa hermosa, amiga nocturna.
No mata el hambre ni la ansiedad ni las malas elecciones.
Sólo mata, eterna amiga, la incapacidad de abandonar lo que uno todavía ama.
Lo escribí una vez para escribirlo millones de veces más:
Sólo la inquietud te salva.
Adiós mariposa negra... hasta que te tenga que encontrar.