Entre el sueño y la vigilia

Me abraza una sensación extraña, casi ambigua, y sin embargo uniforme. Me acabo de levantar, me preparé un café (descafeinado porque del otro no tomo), y no paro de pensar en Nostalgia, una película de Tarkovsky -el gran Andrei- que vi anoche antes de dormirme.
Entonces me siento en la computadora y quiero hablarte pero creo que no hay nada que pueda decirte, nada lo suficientemente profundo o lúcido capaz de traducir mis sentimientos. Cada día tengo más en claro que las experiencias son únicamente un suceso personal, individual, intransmisible, y que nada de lo que podamos compartir al respecto va a alcanzar, acaso asemejarse, a lo que intentamos referirnos.

Días atrás pensaba acerca de quienes considero mis grandes maestros. Mi amor a la literatura y a la filosofía me ha dado varios. Y creo haber escrito en este blog que al fin y al cabo todo lo que he aprendido de ellos no es más que una experiencia vacía si no ajena. No hay verdad transmisible porqué no  hay verdad. Y si la hubiese jamás podría ser estática e interpersonal.

....sigo este vuelo ciego y temperamental que es el compartir sin tener nada para hacerlo. Me quedo flotando en la sutil comprensión sobre la condición humana que siempre me dejan los films de Tarkovsky.

En una entrevista Charles Bukowsky dijo en referencia a su necesidad de ir al hipódromo: "I really can't explain it. If I could I would not go". En cierta medida este piloto se enfrenta a la misma circunstancia. Si fuese capaz de comprender acerca de lo que escribo, posiblemente no estaría escribiéndolo.