Quiero besar el mar que se esconde en tu boca
Y hundirme en el egoísmo de quererte un rato más.
Nadar con tus pies en el aire, y beber esa sustancia
que me anuncia y me disuelve, cuando te digo Amor.
A versos cómo estos les cuesta relacionarse con las melodías, ya que tan engreídos se sienten, que poseen su propia musicalidad. Pero están acá -o ahí- o en alguna parte, y de alguna manera deseo compartirlos, ya que es el único propósito de mi vida.
... hoy el método fue el mismo. Busqué un bar, busqué el ruido, busqué el silencio en el mar de palabras que se entremezclaban, cómo dice una letra nueva no hay silencio si no hay ruiseñor. Y el resultado otra vez fue feliz. Así que corté pronto. Y mientras terminaba el té me puse a corregir un artículo que escribí sobre Onetti para una revista y que en un futuro compartiré por acá.
Entrando la noche vimos una película juntos. "Escena frente al mar" de Kitano. Malísima. Pero a Kitano lo queremos.
Cené. Volví a leer obsesivamente las diez canciones y a corregir algunas pequeñeces que no son importantes pero que sustancialmente hacen un Todo. Ahora vuelvo al Piloto, con quien trataré de tener un lazo diario en la medida que pueda, para enterarlos queridos lectores del conjunto de sucesos que componen mi vida, y que de una forma u otra siempre tienen la misma finalidad: La música.
NOTA Sobre Kitano: No soy crítico de cine, ni crítico literario, ni crítico de nada. Simplemente expongo mis gustos de la manera menos dramática posible.