Lunes 23.1.2012 (Escrito un Martes)

Ayer comenzamos con la grabación de las voces, razón por la cual mi tiempo y mis ganas y mi energía estuvieron puestas en ello. Por eso abandoné por un día y faltando a mi promesa a mi querido Piloto Ciego.
¿Que puedo decir? Se entremezclan el asombro y la certeza cada vez que abrimos una sesión. Si hay algo que me hace feliz, algo que desborda el cántaro de la dedicación y el entusiasmo -motores inseparables y amigos- es sentir que he encontrado el disco que tanto buscaba.
Metimos cuatro voces, lo que es muy bueno. Fue hermoso además concretar algunos versos con Adrián. Para mi es muy difícil, muchas veces, salir de las encrucijadas poéticas a las que el ejercicio de la letra me expone, y por otra parte soy tan receloso de esos versos, que son muy pocas las personas a las que dejo entrar en ese universo; Adrián es una de ellas.
Terminamos frescos y no cansados. Es una máxima que vengo manteniendo desde los discos de Cuentos; las grabaciones tienen que estar colmadas de placer y de disfrute y no de presión y de desenfreno y paranoía. Ser el tiempo y no estar detrás de él.
Así es, querido lector, cómo van marchando las cosas.

Pasado el mediodía vinieron Fatuzzo y Patt a visitarnos, lo cual siempre es una circunstancia feliz, ya que los discos -otra máxima- deben ser colmados de amistad y cariño pues su finalidad es que dichos sentimientos sean otorgados en cada nota, en cada palabra, en cada sonido, en cada escucha.

Llegando el fin de la semana vamos a grabar algunos bajos y unos violines. A medida que las canciones se van armando se nos ocurren muchísimas ideas sobre instrumentación que, empero, deben ser sosegadas por un deseo mayor que es el de terminar el disco para mitad de febrero.

Ahora, tomando un té de jengibre con miel, terminado de preparar las cosas para llevarme al estudio, escribiendo el Lunes un día Martes, espero haber transmitido, lector, lo que deseo darte y lo que, puedo argüir, quieres recibir.

Au revoir!