Lunes 16.1.2012

Tengo la vaga sensación que algo en mis hábitos y en mi rutina cambio. Quizá se deba a que hace casi dos años que no vivía en el verano porteño. De modo que hoy me levanté más tarde de lo acostumbrado. Cerca del mediodía. Y aunque ahora mis despertares sepan diferentes -estar enamorado no es sólo el encuadre de la plenitud sino que es a la vez un coordinar con una realidad paralela, más inmensa y más pura, en donde siempre hay un disparo hacia las estrellas, o hacia la belleza o hacia las cosas más hermosas que podamos imaginar- mi hábitos siempre rondan en torno a lo mismo; la música, las canciones, los versos, la poesía.
Estoy terminando de escribir las letras de mi nuevo disco. El eterno borrador. El eterno miedo. La eterna inconformidad. La mísera inseguridad. Pero hoy me fue bien. Escribí cosas muy bellas. Quizá porqué cambié de método. Estaba escribiendo en la mesita de la cocina al lado del ventanal apreciando la luz, pero hoy me encerré en el cuarto, me senté en el piso, bajé la persiana y prendí una vela; no hay método para las musas, sólo hay que saber buscarlas. Y cómo me fue tan bien tuve que salir corriendo de esa situación, no hay que abusar de las buenas condiciones. Entonces agarré la bicicleta y me fui hasta el Paseo Alcorta, me senté en un Starbucks y seguí. El ruido de fondo, la gente hablando, el sol que me incomodaba y la incomodidad misma me resultan un ambiente grato e idóneo para el ejercicio creativo.
A las seis de la tarde había logrado mucho. Feliz volví a mi casa, hablé con ella sobre Drive, un film fácil de abordar pero no de asimilar, un film genial. "La diferencia horaria nos despide siempre más temprano de lo que desearía amada mía". Cené lo que había para cenar, que siempre es algún tipo de ensalada. Y me recompensé yendo al taller de Fatuzzo. Él tomó vino y yo té. "No estoy tomando vino porqué me estoy cuidando la garganta para la grabación de las voces"- le dije. Entonces Manucho, que es el mismo que Fatuzzo, me mostró un artista que no conocía y el cual me conmovió profundamente, "Anthony and the Johnsons". Él me dijo que ya me lo había mostrado y que lo mandé a la mierda. Yo le dije que posiblemente estaba borracho y que no me acordaba. Después hablamos de Tarkovsky y después nos fuimos. Ahora escribo sobre el día Lunes pero ya es Martes. Estoy cargando una película de Tarkovsky porque Manucho me lo recordó. Hoy también pensé en Camilo Cela.
Tengo que meter la palabra "alevosía" en alguna canción. Menos por lo riesgoso que por la dificultad de ser cantada.

NOTA: El amor es el suceso más loco que pueda ocurrir. Cuando te enamorás, la razón queda atónita, no puede entenderlo, no puede explicarse cómo sucedió, tan de repente. Y así pasa, si saber que está pasando. Por eso el amor es del corazón.