Jueves 26.1.2012

Ayer terminé de grabar las voces.
Hoy grabamos unos violines con Javier Casalla (¡grande el aplauso!) y podemos decir que el disco está prácticamente terminado, exceptuando la mezcla y el mastering.
Entonces me invade un vacío al que estoy habituado. Una sensación que conozco y no es ajena a mi. Si hago la cuenta es el octavo disco que grabo en mi vida y en la conclusión de todos ellos, incluyendo este, vienen aparejados sentimientos tales cómo la felicidad y la celebración así también cómo la angustia y el desconsuelo. Probablemente deberíamos hablar en términos emocionales sobre los sucesos del alma. Pero el Piloto se transformaría en un diario sentimentalista y no en la bitácora de pareceres y azares que ya es, y con la que tan a gusto me siento.

Sólo te cuento esto para entenderlo. Al hablarte me hablo. Soy un ser y no un estrategia de marketing, por lo que jamás dejaría que este espacio se contamine del decoro promocional o la reproba necesidad de un auto-gestionarse en términos comerciales, tapando así las desnudas ganas que me invaden.
No tengo nada que venderte. Sólo te hablo del vacío para que lo sientas. Sólo te pido que intentes sentirlo.

Vivimos (las personas) inflándonos de logros y de metas cumplidas y por cumplir. Así nos enseñaron. La estructura de nuestro ego, falso avatar del alma, es tan sencilla y tan específica que hasta probablemente lleguemos a sentir placer y plenitud en dichos propósitos. Pero no es más que un amague, un espejismo; no es más que la desnutrida herencia que llevamos tras los hombros y de la que, sin saberlo, nos alimentamos.
Sé vaciedad. Sé incompleto. Perdé algunas piezas en el camino. Eludí. Matá. Soltá. Aspirá el humo del incayuyo inmaterial y sé presente despojado y lúcido, lleno de vida y vacío de todo lo demás.

Es cómo el Amor, "sin fechas ni horarios ni adornos; sin regalos ni halagos" -te cito poeta de mis días.
Es cómo el Amor, que no quiere nada para sí que no sea para dar, para soltar, para vaciar.

Sé vacío. Sé presente. Sé Amor. Sé.