Dardos y Máximas I

La relectura de algunos pasajes de "Le Petit Prince" de Saint-Exupéry y el devastador e imperturbable pero fascinante universo de Robert Schumann, me develaron una desgracia menos altruísta que apócrifa: Hasta las personas que más queremos -acaso que quisimos alguna vez- terminarán por ponerse aburridas, serias y chatas.
¿Cual es la razón de su chatura, de su infelicidad, de su apagamiento? La sociedad, las regalas establecidas y repetidas, las disciplinas, las religiones, la falta de sacralidad para con la vida, el deseo de poser lo que sea con tal de llenar el vacío existencial. "Caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta".
¿Y quienes son los que se salvan? Los locos, los que hacen su propia disciplina, los que no se cansan de intentar, los que se contradicen, los que celebran el amor en cada beso, en cada muerte, los que sólo quieren dar sin esperar nada a cambio, los que se animan, los que saltan, los que sueltan.

Hombre lobo del hombre no es lo mismo que decir hombre lobo del hombre. (Esa astucia te la debo Pizarnik)