Al-mo-dó-var

Cada vez que voy a ver una película de Almodóvar y las luces del cine se encienden, y yo me encuentro sentado en una butaca de la fila nueve o diez leyendo los creditos procedentes (lo de las filas no es ni cabalístico ni supersticioso, simplemente dimensional), me acosa la misma pregunta; "¿Por qué sigo insistiendo con sus películas?" 
Posiblemente si caigo en la contabilidad de la situación, puedo arguir que simplemente voy sin ninguna razón aparente, en busca de nada y sin un impulso vital que me mueva a hacerlo. Entiendo, incluso, que por una casualidad que no logro comprender, siempre que Almodóvar está en la cartelera no hay absolutamente nada para ver. Última opción, sino única. 
Sin más debo anunciar, admitir de una vez por todas -acaso advertir- que la "La piel que habito" es una de las peores basuras, no sólo de Almodóvar, sino de la historia universal de cine.