A las 4 y 25

El insomnio es el refugio de mi sombra.
Un viento frío que me aplasta.
¿En donde estoy cuando no estoy en ninguna parte?
La hora de la nada.
Me diluyo en tus manos, las que no tengo, las inalcanzables.
Es muerte y también es melodía.
Nado en la superficie.
Asomo la cabeza, y respiro un aire fresco, dulce, ajeno, olvidado.
Caigo otra vez.
No puedo mentir.
¿En donde estoy cuando no estoy en ninguna parte?

El silencio se amplifica.
Un lágrima se escapa de mis ojos y se desliza hacia mi boca.
Sabe a anhelo.
Entonces doy un sorbo de profundidad.
El vino es misterioso en la incertidumbre.
"Nada es cierto", me digo.
Me aferro fuerte a los sueños, para que me lleven a otra parte.