Romper las cadenas

Una canción de Silvio, quizá de mis preferidas, anuncia; "Debo dejar la casa y el sillón, la madre vive hasta que muere el sol y hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir". Es, por cierto, una canción muy hermosa. Y es a su vez un testimonio vital y certero del comportamiento humano.
Siento -y creo vivir en condescendencia a ese sentimiento- que las personas debemos ser capaces de observarnos de una manera desprendida, capaces de anular el apego material, ya sea por las cosas, ya sea por las personas, ya sea por las ideas. Somos universo en expansión, una contradicción sucediéndose en cada instante, un río que se renueva para desembocar en el inagotable océano de la verdad.

Una observación más aguda nos lleva a pensar -a sentir- que el único cambio posible es radical y a su vez individual. Que nada de lo que hagamos en base a los otros dará cómo resultado aquello que buscamos para nosotros mismos. Debemos ser capaces de la auto-superación. Capaces de un egoísmo sagrado.

Una impronta mayor y de compleja validez, aclama a el "instante" cómo la única forma posible, y descarta la idea de lo próximo, de lo futuro. Todo es HOY.

Debo coronar este post con una hermosa frase del gran Jodorowsky; "Entre hacer y no hacer, HAZ"