Al amar

Cuando era muy chico - ¿quince años?- estaba convencido de que vivía en el infierno. De que esté mundo era el infierno. No podía creer que tanta maldad fuera posible. Miraba a las personas, miraba sus comportamientos, me observaba a mi mismo y al motor que movía el mundo, y me sentía sumido en la desesperación y el espanto. Me desvelaba la idea de una felicidad imposible.
Con los años esto se modificó. Comencé a descartar la idea de un mundo infernal y formulé una visión un poco más equitativa; estaban los buenos y los malos. Personas basadas en valores personales, conducidas por razones egoicas, ya sean buenas o malas, ya sean altruístas o egoístas.
En mi madurez, todas estas afirmaciones se desvanecieron cómo un castillo de naipes. Bastó un pequeño soplido para que yazcan en su propia ruina. Y no pude edificar nada más.

Ahora sólo creo que la única forma posible de existir es através del amor. Que la única manera de conocernos y conocer a los demás es a través del amor. Pero ¿que es el amor? Y esta pregunta pone en riesgo todo concepto.

Si todas las personas fuésemos capaces de amarnos a nosotros mismos, y en esa talidad y en esa armonía y esa felicidad bailar gozosos, puros, plenos, vacíos de toda estupidez; si fuésemos capaces de mirarnos al espejo y sonreír y cantar y ser complices de nuestra locura, es ahí cuando estamos aptos para todo lo que acontezca.

¿Alguien que se ama y ama a los demás, es capaz de dañar algo, sea lo que sea?

Es una pregunta retórica, pero la respuesta es que no.