Poema para una mujer que ya olvidé

Te disuelves, pequeña amada.
En cada palabra te disuelves.
Te leo y no me leo,
son palabras lejanas, fuera de foco, irreales.
Ya no hay aurora en la descolorida escena de tus ojos.
Sombra de la circunstancia, nadería.
No repetiré ese estribillo.

Te disuelves, antigua amada y no puedo aprehenderte.
Y si lo hiciese ¿que sería de nosotros, de los verdaderos y no de los que fuimos?
Quiero caer en ti, contigo, pero es angosto el ensueño perdido.
Te disuelves, pequeña amada, y tu piel bañada en oro, en leche, en cristales,
es la piel que ya no desearé. Inmutada, angelical, manchada de infierno.
La eternidad de un día eterno y eternizado,
el inevitable nombre, tan tú, tan vos.
La luz pequeña y diminuta que a falta de salvar sólo pudo guiar, si quiera, un lapso tan diminuto.
Una espera amarga, antigua amada, pequeña y dispar.

Te disuelves cuando te veo, eterna amada
porqué ese también es mi desvanecer.
Antigua amada, tan pequeña, tan vieja, tan nueva.

                                                                       a esa noche en Villa Gesell.