Poema para esa mano.

Te toco.
Y en ese tocar que es tocarnos creo alcanzarte.
Habla el hombre y no la bestia. No hay piedad para los que vamos hasta el fondo.
Quiero besar el mar que se desliza por tu boca y nadar hacia donde no me lleve.
Impaciente. Caprichoso. Inalterable.
Escapar del laberinto para perdernos juntos, vos y yo, injustos pero reales.
Todo veneno mortal que nace de tus largas manos es la ausencia de mi moral.
Finas manos alineadas, corren la tela de tu piel y creo ver ríos de sangre, y una danza y el acento sexual de tus palabras.
Yo no sé si esta mal, pero que el secreto que guardamos sea ajeno a los demás, aventura la experiencia a un estado de vacuidad, de frescura, de insolencia... delgada mano fina.