Poema para una mujer que ya olvidé

Te disuelves, pequeña amada.
En cada palabra te disuelves.
Te leo y no me leo,
son palabras lejanas, fuera de foco, irreales.
Ya no hay aurora en la descolorida escena de tus ojos.
Sombra de la circunstancia, nadería.
No repetiré ese estribillo.

Te disuelves, antigua amada y no puedo aprehenderte.
Y si lo hiciese ¿que sería de nosotros, de los verdaderos y no de los que fuimos?
Quiero caer en ti, contigo, pero es angosto el ensueño perdido.
Te disuelves, pequeña amada, y tu piel bañada en oro, en leche, en cristales,
es la piel que ya no desearé. Inmutada, angelical, manchada de infierno.
La eternidad de un día eterno y eternizado,
el inevitable nombre, tan tú, tan vos.
La luz pequeña y diminuta que a falta de salvar sólo pudo guiar, si quiera, un lapso tan diminuto.
Una espera amarga, antigua amada, pequeña y dispar.

Te disuelves cuando te veo, eterna amada
porqué ese también es mi desvanecer.
Antigua amada, tan pequeña, tan vieja, tan nueva.

                                                                       a esa noche en Villa Gesell.





Rachmaninov, un poeta sonoro.

Siempre me gustó escribir en silencio. Lo mismo me pasa para leer. Pero hace un tiempo, probablemente un año, que tomé el hábito de escribir escuchando Rachmaninov. Las razones son muchas, comenzando con que Sergei Rachmaninov es el salvavidas de mis continuos naufragios, es mi compañero habitual en los momentos de caos y de desnudez, es mi mantra astral, mis pies sobre el aire.
 Y cómo muchos de los lectores de este blog ya saben, soy un gran mélomane -sobre todo del Jazz.  De modo que mi ineludible afición por la música clásica, por los grandes maestros de la melodía y la demencia,  es una parte esencial de mi cotidianidad. Chopin me salva. Brahms me salva. Wagner me salva, y tantos otros. Pero en Rachmaninov hay un elemento agregado y es su poesía sonora. Siento en su obra algo que no me sucede con otra, y es la fatigada moción de vida, el acierto emocional, la belleza despojada de todo margen. En él, la vida es un milagro inagotable, una iluminación constante, una construcción presente, decidida, sensible pero también temperamental.
Yo creo que todas las cosas son fundamentales, desde un atomun hasta el infinito e indiferente universo. Pero en un mundo más privado y radical -es decir el mundo propio- Rachmaninov es la sustancia que me anuncia y me disuelve.

"La espuma de los días"

Este poema nació intentando escribir una letra. Me resultó difícil esquivar las rimas, y esa musicalidad no se dejó mezclar con la canción. A veces la rima no me gusta, pero es ella quien se escurre entre mis manos y me domina. Cómo no tengo estilo, puedo, entiendo, escribir de cualquier manera.
Es un poema que escribí, cómo todo lo que escribo, inspirado en el amor. Se los comparto.

Un débil recuerdo.
Un viento partido.
El hábito de lo que he sido y no seré jamás.
El tiempo me habla.
Muere en mi de una vez,
que no es madurez mezclar el fuego con el agua.


Llevame lejos,
que todo lo que hoy dejo, lo dejo para siempre y de verdad.
Esquivas manchas de amor.
¿A que distancia estoy huyendo?
Un sueño se va cayendo cómo espuma en la soledad.


Te beso en el agonizar tremendo que es haber olvidado tu boca para siempre. 

Sobre la figura paterna.

Juan Carlos Sosa, mi padre, murió cuando yo tenía 8 años. A partir de entonces -y hasta el momento en que logré comprender de que se trataba- mis grandes amigos de la infancia y de la adolescencia, fueron personas mucho mayores que yo, incluso hasta me doblaban la edad. De alguna manera , ellos también fueron mis padres y mis maestros. Suplían el espacio que la muerte de Juan Carlos había dejado; cumplían la función de un arquetipo que podía esquivar, pero al que tarde o temprano iba a terminar acudiendo. Y este arquetipo paterno -al igual que el materno- son de radical importancia para la construcción de nuestra fuerza vital, para la pacificación con uno mismo y para la armonía con el universo que nos rodea. No podemos pensar en decorar la casa sin antes haber pensando en el reboque, y antes en los ladrillos y antes, fundamentalmente, en los cimientos.
La función del psicoanálisis moderno, en la medida que yo lo entiendo, es justamente afianzar estos cimientos, armar la casa y mostrar que es hora de tirar esos muebles viejos y gastados que son el pasado. Pero luego es uno quien elige, ya en la madurez o bien en la iluminación y en la lucidez, cuando es el momento de vaciar la casa, de rearmarla, de reconstruirla a partir de nuestra experiencia personal. Pero esto nunca va a ser posible sin antes haber aceptado estos arquetipos.
Ahora, a mis 30, ahora en mi madurez espiritual y emocional -la social me llego antes, por añadidura- siento que por naturaleza o por intuición, respeté sin quererlo, esta estructura elemental de los seres humanos. Recuerdo con amor y desapego a todos esos grandes amigos, algunos tangibles, otros invisibles, que colaboraron con la melodía que es en el Ahora, el sonido de mi corazón.

POSDATA: Releyendo a Borges, estoy seguro que tanto la literatura cómo el arte, también son esos cimientos que por causa de fuerza mayor o por elección tuvimos que aprender a reconstruir.

Emancipación

Entonces comenzás a ubicar y a trascender las situaciones. Porqué sino te quedás gobernado por un instante, por un amor, por una familia, gobernado por una idea. Para no quedar -permítaseme la obviedad- atado a una circunstancia, uno acude al empeño de superación y por ende a la determinación. Y en este incurrir que es una decisión uno debe ser tenaz, o al menos un poco frío.
Nietzsche, a quien tanto admiro y a quien le debo muchísimo, decía que el problema de la discriminación no es el problema en si, sino que lo importante es analizar al artífice y al motor de ese hecho. Es decir, que un tipo tan estúpido cómo Hitler haya utilizado la sabiduría nietzscheana con fines egoicos, no significa que la idea, "en si", sea la causa y el impulso de tales fines.
Por eso uno debe elegir, discriminar, disociar de manera tajante y personal, guiado por su visión del mundo, pero también abrazando el sentido común.
Digo todo esto porqué en el día de hoy, el cual me dediqué exclusivamente al disfrute y la agonía que supone la composición lírica, me topé, en mis descansos, con el comportamiento errático de quienes, a falta de entenderse a si mismos se destruyen, y en su destrucción quieren llevarse a todos los demás.
Eso es lo malo de los ojos que no ven más que para afuera.

Poema para esa mano.

Te toco.
Y en ese tocar que es tocarnos creo alcanzarte.
Habla el hombre y no la bestia. No hay piedad para los que vamos hasta el fondo.
Quiero besar el mar que se desliza por tu boca y nadar hacia donde no me lleve.
Impaciente. Caprichoso. Inalterable.
Escapar del laberinto para perdernos juntos, vos y yo, injustos pero reales.
Todo veneno mortal que nace de tus largas manos es la ausencia de mi moral.
Finas manos alineadas, corren la tela de tu piel y creo ver ríos de sangre, y una danza y el acento sexual de tus palabras.
Yo no sé si esta mal, pero que el secreto que guardamos sea ajeno a los demás, aventura la experiencia a un estado de vacuidad, de frescura, de insolencia... delgada mano fina.