Un poema que escribí recién.

Que escriban los poetas y no yo.
Que amen los amantes y no yo.
Que dancen los que bailan y no yo.
Que sueñen los que saben que en el sueño
se esconde el ensueño y no la pavura.

Que tu boca se encienda entre las miles de fragancias que la componen, virgen bendita, infernal.
No se lo que siento, ya que no hay más ciencia que los deseos cuando se mezclan la felicidad y el presente.
Le hablé al río y el me habló de vos. Le hablé a la noche y me habló de vos. Le hablé a mis amigos invisibles, los que ya no están, y me hablaron de vos.

La luna me aprieta. Te dibujo en la sábana gastada, manchada, contaminada. Y la forma es la misma. La ausencia, la presencia, el vacio, la inmediatez.
Tanto, todo, tengo, tengo, tengo.
El amor es la locura que no invita sino que apresta, díscola y casual, a la circunstancia imposible.

Tus manos, tus pequeñas manos, entraron volando por mi ventana pero vos ya no estabas.