Domingo a la noche, de noche.

Principiante, mi ánimo se postula a un deseo mayor; el de la complicidad.
Recíproco estallo y me envuelvo en el misterio que sos ¿acaso hay otra forma de ser?
No hay amor sin complacencia, así cómo no hay deseos que puedan evitarse.
Me pierdo en vos porqué en cada universo de tu cuerpo también hay algo de mi.
Hansel y Gretel acuden próximos. Una galletita tras otra plantan la vida que acumula caminos y miedos y felicidades y el cuidadoso recelo de no perdernos nunca más.
Tu espalda se transforma, habla. Es ella y no soy yo ni sos vos. Las ruinas circulares. Lo próximo. Todo mezclado.
Y cantás sedienta. Y tu canto rebota en las paredes y en mi cuerpo y yo sigo ahí.... escuchando.
Nunca sé lo que es hasta que lo siento. Esa si puede ser una verdad.
Quería decírtelo.