A la tarde en Santos Lugares.

"Nos encontramos a las seis en la placita que está enfrente de la estación de Santos Lugares"-dijo la voz del otro lado del teléfono-"y si podés traete un vino". Era la segunda vez que hablábamos. No sabía si era rubio, morocho, alto o bajo. Sólo sabía que se llamaba Emilio Fatuzzo y que me iba a llevar a las casa de Ernesto Sábato. (Poco tiempo después se convirtió en el mejor amigo que uno pueda desear).
Caminé hasta la estación de tren- vivía yo en palermo- y de camino entré en un "chino" y compré un Graffigna. En ese momento estaba muy mal de plata y no podía costear algo más caro, pero me parecía un vino muy rico. Tomé el tren. Estaba muy nervioso, porqué además, ese día, se festejaba el cumpleaños de Ernesto. Llegué puntual. Fatuzzo también. Él me pidió que lo acompañe hasta el auto que en el baúl tenía o una torta o unas masas, no me acuerdo. Pero era algo dulce.
Llegamos. La puerta estaba abierta. Un gran jardín oscuro- selvático jardín- separaba la antigua casa de la reja que daba a la calle. Lo atravesamos. Sentía mucha emoción. De alguna manera no sólo iba a conocer a Sábato, sino que también me encontraba con Borges, con Sartre, con Dostoiesvski, con Paris, con el expresionismo alemán. Entramos a la casa. Emilio le dejó el paquete que traía a una señora que se ocupaba de la casa desde hacía años y de la cual nunca supe el nombre. Apoyé el vino en un mesa donde habían otros vinos y gaseosa y algunos "sangüchitos" de miga. No había ni mucha gente ni poca. Sábato estaba sentado en una parte poco protagónica de la sala. Hablaba con una señora. Me acerqué, le di un beso en el cachete. "Feliz cumpleaños Ernesto". Era la primera de una hermosa serie de visitas. Otras con más silencio y soledad.
Estuve el rato que tenía que estar. Me despedí de Emilio y le agradecí. Estaba un poco borracho. Caminé hasta la estación de tren. Ya era de noche y algo me puso feliz. No sabía exactamente que era o quizá si. Había conocido a mi mejor amigo y había besado a un hombre que era miles de siglos, una explosión de vida, profunda, lúcida y real.
No sé si su muerte es triste o feliz. No sé si la muerte es, en primera instancia, la razón por la cual la vida se revaloriza a cada instante. Yo no sé.
Ahora pienso en él y en esta pequeña historia que les quise compartir, más para atesorarla que para otra cosa.


El Cine.

Hablemos de cine. Odiemos el cine "indie". Odiemos el culto al pobrismo artístico. Es casi religioso. Aprendamos a odiar a lo que contamina. Los defensores del mal cine, son aquellos que no pueden lograr un cine mejor... y por favor! abundan. "Hasta acá llego", por eso voy a defenderlo y justificarlo. Se da una tonta costumbre, neurótica costumbre, y es la de defender y enaltecer nuestros límites, como una manera de negarnos.
Odiemos el mal cine. Odiemos el cine "barato", repetitivo, "pretencioso" en demasía, falso. Odiemos al cine esquivo, el que se enseña en las academias pagas y no sabe explotar en los lentes.
Foco, foco, foco.
Tengo que contarte algo; Godard, Kubrik, Truffaut, Hitchcock, Jarmusch, Wong kar wai, Gaspar Noé, los hermanos Coen, Coppola, Scorsese, Lars von Trier... ayy y tantos etcéteras.
No hay mezquindad valiosa en el cine. Es un arte, es un ARTE! No lo "baratiemos"...

Hay un estúpida costumbre, y es la de defender nuestros límites...






I only drink to make you more interesting

No es malo festejar las pascuas, incluso sino eres religioso. Pero el asunto devela otra problemática mayor y resulta absoluta. Hay un sistema detrás de todo esto. Y con sistema me refiero a una estructura preestablecida sistematicamente, no a una maquinaria corporativo-diabólica. Un sistema de enganche. Es un sistema que atañe desde lo más básico hasta la profunda y compleja perfección. Desde el calendario político y las macro corporaciones hasta Lalo, el quiosquero de la esquina. Entonces ahí estás vos. Ciego. Aprovechas el feriado, te vas a la costa, agarraste el libro que abandonaste por falta de tiempo o te acordás que tenías hijos. No importa si no sos religioso, de todas formas lo estás "aprovechando". Aprovechas la excusa para la reunión, para la celebración, pero ¿te preguntas acerca de ello?
Se me viene una canción a la cabeza, "I can go with the flow", creo que es de QOTSA.
El problema es muy grande ya que este tipo de sucesos develan que no estás haciendo con tu vida lo que realmente desearías hacer. ¿Alguna vez te lo preguntaste?

Martes.

Pensé que acostarme temprano era una buena idea. Disfrutar de la mañana ahora que el frío se fue. Suspendí la salida y cómo no había nada para tomar me hice un té. Abrí un libro de Sylvia Plath en cualquier parte y leí; "Little poppies, little hell flames, Do you do no harm?". Cerré el libro y apagué la luz. El té no lo tomé, hubiese preferido un vaso de vino.
Y me pasó otra vez. Cuando el sueño me abraza y me abre la puerta, cuando llego a ese instante en el que no podemos discernir entre el lo onírico y lo real, "pum", el sobresalto, la conmoción, el horror, la desesperación... el interrogante. No pensaba en nada en particular si lo no-particular es la completa evasión de los sucesos que nos rodean.
Entonces me levanto sin más remedio que aceptar mi condición de noctámbulo. Miró de reojo la taza de té que había dejado en la silla que funciona de mesita de luz con la tonta ilusión de que ahora, sea una taza de vino.
Lo bueno de New York es que uno puede encontrar un poco de cerveza hasta en un tarro. Me cambio, voy al Grocery de la vuelta, un poco cagado de frío ("frío otra vez!"- pienso). La decisión no fue dura pero se prolongó. ¿Corona o Guinness? Me ayudó pensar que Sartre hubiese elegido la cerveza negra y me acordé de vos que decís que cuando leés a Sartre en su idioma te sentís un poco snob. Yo no lo leo en su idioma porqué no sé francés, pero de seguro que lo haría sin importarme si es snobismo o no.
Cuando llego a la caja para pagar, el tipo estaba escuchando a Shakira. Me abro la campera y le muestro una remera blanca que tengo que dice Loba, y que es de Shakira, y que un amigo me regaló una vez. Se puso contento y entonces traté de cantar la canción que sonaba, pero cómo no sabía la letra balbuceé un poco y me callé.

Vuelvo, me sirvo cerveza y escribo para el Piloto. No sabía si hacerlo en pasado o en presente ya que esa instancia es un pecado literario al cual no me siento arraigado.
Ahora sigo pensando en Sartre y en el momento en que escribió "La nausea". Nunca olvido un brevísimo capítulo que dice "Nada. He existido" y eso es todo. Caigo en la cuenta que ese capítulo se llama "Martes" al igual que, a priori, intitulé este post.
Lo más extraño de la vida es que creemos comprenderlo todo en el mismo momento que no estamos comprendiendo nada.

No voy a revisar las faltas.... publicar entrada.

Del amor y esas cosas.

El Amor es cómo el cielo, inagotable y permanente. El amor nunca puede acabar a pesar de nuestras idas y vueltas, nuestras confusiones, idealizaciones, limites, tal así cómo el cielo no acaba por más que estemos encerrados en una cueva y no tengamos acceso a él.
Pero las personas son muy extrañas. Si te fijas, si te detienes un minuto y observas cómo se relacionan, vas a notar que la mayoría de las relaciones son neuróticas y falsas, encerradas en su idealización del amor y no abiertas a un sentimiento pleno: ven las nubes y las llaman cielo.
Pero me proclamo diferente. El amor es el suceso más grato, y quizá el único, al que podemos acceder. No ensuciemos lo único que quede de humanidad con el desafió imbécil de querer poseerlo todo.