Mi ventana II


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En una entrevista Cortázar confesaba ser un hombre solitario, felizmente solitario. Dicha confesión me tranquilizó. No porqué me haya acercado al escritor exiliado sino porqué de alguna manera me justifica. Y en esa soledad que asumo a todo riesgo, en esa soledad que es el alimento de mi arte, de mis amores, de mis deseos, es donde, profeticamente, me encuentro.

Cada vez que me mudo a una casa, lo primero que miro son las ventanas. A partir de ahí decido la disposición de mi cuarto. La ventana no es una mirada hacia afuera. Por el contrario es una mirada interior, un regocijo, una búsqueda.
Puedo pasar horas y horas mirando a través de una ventana. Quizá sea mi mantra o quizá no.