La justa y necesaria ausencia

Queridos amig@s, cómo dije en twitter, me despido por un tiempo de las redes sociales ya que dedicaré mi tiempo y mi energía a terminar mi primera novela y a mi nuevo proyecto musical.

Respecto a la música, hace casi dos meses que venimos trabajando junto a Paco sobre 23 canciones que seleccionamos entre tantas otras. Estamos en una etapa de definición, terminando las estructuras, decorando los sonidos y terminando las letras. Si todo sigue, a principios de mayo vamos a estar entrando al estudio.

En referencia a la novela, NiPALABRA, debo definir el final -cosa que me está resultando fastidiosa- y ponerme a corregirla con lucidez y tenacidad.

Todo esto con la finalidad de que una vez más podamos compartir la belleza y el asombro.

Espero que en esta ausencia, nuestra intima amistad siga bordada de lo fundamental, que son las canciones! Amor y Paz!

Abril Sosa.

Mi ventana II


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En una entrevista Cortázar confesaba ser un hombre solitario, felizmente solitario. Dicha confesión me tranquilizó. No porqué me haya acercado al escritor exiliado sino porqué de alguna manera me justifica. Y en esa soledad que asumo a todo riesgo, en esa soledad que es el alimento de mi arte, de mis amores, de mis deseos, es donde, profeticamente, me encuentro.

Cada vez que me mudo a una casa, lo primero que miro son las ventanas. A partir de ahí decido la disposición de mi cuarto. La ventana no es una mirada hacia afuera. Por el contrario es una mirada interior, un regocijo, una búsqueda.
Puedo pasar horas y horas mirando a través de una ventana. Quizá sea mi mantra o quizá no.

El paraíso infernal


Todo lo que hacemos lo hacemos en base a la seguridad. Queremos asegurarnos hegemonicamente. Contratamos un seguro médico, votamos, somos seguidores de un deporte, amamos, nos casamos, tenemos hijos, trabajamos, compramos casas, autos, libros, comidas; vamos al cine, nos vamos de vacaciones; nos hacemos muchos amigos... por las dudas.
Sólo queremos seguridad; sólo queremos tapar nuestros miedos, ahogando al mundo que nos rodea y a nosotros mismos. Ahogando el encuentro con nuestra verdad.
Hay una seguridad más terrible aún; la religiosa. Nos aferramos a dioses, a curas, a budas, a gurus, a vírgenes, a "gauchos santos"... que infierno! La religión es un infierno!

La pregunta no es retórica. ¿Asegurarnos de que?

Ilustra Kokoschka

Por qué escribo o De la noche en que decidí ser un poeta y no lo logré


El deseo de escribir no se funda con los mismos motivos que otra clase de deseo. Sus raíces, profundas y elementales, ya dejaron de ser verdes. Al menos para mi. Una noche de enero, a los dieciséis años de edad, abandoné la idea de ser poeta, menos por la falta de talento que por los motivos que me impulsaron una y otra vez hacia un destino meramente musical. Actualmente, tal así cómo lo vengo haciendo durante la última década, antes con Cuentos Borgeanos y ahora con mi nuevo proyecto, fantaseo con una poesía menos decorativa, menos "movediza", pero no por ello menos genuina: las letras.

Una novela inacabada que intitulé "Ni Palabra", sigue siendo otro motivo de búsqueda estética, de belleza traducida, de entusiasmo renovado. No me impulsan otras razones que esa belleza, que esa desnudez. De esta ecuación sólo sacamos un buen resultado los que vivimos el arte cómo una forma de entender la vida y no cómo un ejercicio raquítico de una cultura que ya no se deja ver: y no hablo sólo de Argentina.

Mi hoy es otro. Es el de las delicada suma de borradores, apilados uno tras otro en mi memoria. Ya no escribo por el rauda y misteriosa necesidad de decir algo (¿acaso hay algo que decir?) sino por la inevitable emoción de poder ver el mundo con mis propios ojos.


Ilustra, a quien le debo tantos "ojos", Henri Rousseau.

¿Que es el amor?


Los sentimientos, al igual que las sensaciones que nos proporcionan los sentidos, sólo son explicables si son, ¿una experiencia compartida? ¿Podemos creer en el amor -por ejemplo- cómo un suceso de unicidad, vedado no sólo a los hombres sino a cada ser, a cada cosa, cómo si el amor fuese un todo que involucra desde la "primera molécula hasta la última" de nuestro vasto e indiferente universo? Probablemente no haya una respuesta certera, ya que las certezas se las dejamos a la razón. Entonces se nos "cruza la víbora por delante" y nos detenemos espantados, hambrientos y taciturnos, no ya por la verdad, erratica y argumental, sino por nuestro ávido corazón.
Cierta experiencia acontecida en estos días me demostró que la unicidad a la que me refiero es, no sólo un hecho posible, imparcial y raudo, sino además el motivo de mi felicidad.
Nos enseñaron tantas cosas acerca del ego, que las variaciones apoteósicas sobre su significado vedaron su sentido y su función. Por ello quizá, mis palabras suenen engreídas y "fanfarronas". Quiero decir que amar sólo es posible cuando en un segundo de iluminación y despertar nos "publicamos completos", y despojándonos de todo lo que fuimos hasta entonces entendemos que lo único posible en esta vida es ser nosotros mismos; es en ese momento cuando realmente podemos hablar de amor.
Amate a ti mismo para luego amar al prójimo.

Ilustra, mi amigo, mi hermano, mi maestro, Emilio Fatuzzo.