El encanto del silencio

Ultimamente prefiero no hablar de mis gustos. Me encuentro en alguna reunión rodeado de gente y en cuanto abro la boca se me "cataloga". Mis palabras, a los oídos ajenos, suenan impuestas. No los culpo, no todos tienen los mismos gustos. Desde muy chico me fascinaron cosas que, si no te fascinan, pueden sonarte fastidiosas e impuestas. Se me viene a la cabeza el "Ulises" de Joyce; mi primer novia, una egresada del Nacional Buenos Aires -con todo lo que esto significa- se jactaba de haberlo leído simplemente para demostrarme que lo mio era snobismo o algo parecido. Y yo, en mi silencio, ese silencio que abruma a los tontos, me procuraba de bastante valor para seguir entendiendo esa clase de conductas.
Hace poco fue igual. Me puse tenaz porque hablaba de Rothko. Todos se fastidiaron porque mi tono era agresivo y violento, pero simplemente estaba hablado, lo juro. Pero se fastidiaron igual, cómo si llevara un manual bajo el brazo. ¿Que manual? "No suena creíble citar tanto a los demás".
Otra novia que tuve, quien porta una notable inteligencia y astucia, no lo niego, me rogo que hablara por mi mismo y no a traves de aquellos a quienes admiro. Para su punto de vista, también tuve que hacerme de valor. ¿Entendés a que me refiero?

"... Ian terminó el vaso de Whisky. 'Todavía queda algo de mi en mis palabras', pensó. Se rió cómo se rie el que rie en silencio."