Algo gastado

Escucho "Moment's Notice" porque mi recuerdo te desnuda.
Lo hacíamos en un colchón gastado, sucio...
Nunca lo hicimos por hacerlo.
Ahora tomo vino que siempre sabe nuevo.
Cuando éramos "vos y yo" no te gustaba que tomara tanto, entonces tuve que armarme de un estado paralelo, una forma de sernos accesibles.
Nothing is essentially necessary. Lo veo todo el tiempo. Cuando grabo, cuando compongo, cuando escribo, cuando te escribo.
La tarde se la dediqué a Rimbaud. Pero tuve que cortar porque me hacía del todo bien o del todo mal.
Eso es lo curioso de la poesía, ni siquiera la leemos.



Al-mo-dó-var

Cada vez que voy a ver una película de Almodóvar y las luces del cine se encienden, y yo me encuentro sentado en una butaca de la fila nueve o diez leyendo los creditos procedentes (lo de las filas no es ni cabalístico ni supersticioso, simplemente dimensional), me acosa la misma pregunta; "¿Por qué sigo insistiendo con sus películas?" 
Posiblemente si caigo en la contabilidad de la situación, puedo arguir que simplemente voy sin ninguna razón aparente, en busca de nada y sin un impulso vital que me mueva a hacerlo. Entiendo, incluso, que por una casualidad que no logro comprender, siempre que Almodóvar está en la cartelera no hay absolutamente nada para ver. Última opción, sino única. 
Sin más debo anunciar, admitir de una vez por todas -acaso advertir- que la "La piel que habito" es una de las peores basuras, no sólo de Almodóvar, sino de la historia universal de cine. 

Soy un dibujo zen o Los títulos no llevan punto.


Peleo contra la resaca con dignidad triunfante.
 La respiro suavemente, cómo si cada inhalación fuese una caricia para mi cuerpo cansado pero feliz.
Se entremezclan los sentidos.
Ayer le dije a mi hermano que no queria tener hijos y que no los iba a tener. De eso si me acuerdo.
La resaca le arremete otro uppercut a mi memoria.
Soy un dibujo zen.
¿Fogwill o Ginsberg? Está tarde tengo ciclo de lecturas y no acabo de decidir.
Leer algo mío es otra opción.
Estoy en un Starbucks y siempre me parece un lugar de mierda. Pero igual vengo. Que se yo. Cómo esas cosas que haces y que no tenés ganas de hacer pero las haces igual. Cómo ponerte de novio o festejar la navidad en familia.
Enfrente mío un tipo me distrae. Se frota las manos una y otra vez frente a su vaso de café. Se las frota antes de sacar la tapa, se las frota antes de abrir el sobre de azúcar y calculo que se las va a frotar antes de tomarlo.
Cómo en estos lugares escriben tu nombre con marcador negro en tu vaso, sé que el tipo se llama Donato. "Donato el que se frota las manos".
Me levanté escuchando Radiohead y voy a seguir escuchando Radiohead.
Últimamente no hago nada de lo que tengo que hacer. Cómo una determinación de rebeldía tardía y pelotuda. Pero no me incomoda. Your time is up.

Posiblemente todos tratamos de ser felices, pero no todos sabemos cómo hacerlo.
Si, Donato se frotó las manos antes de darle el primer sorbo al café.

Un imán


Insolente... otra vez.
¿En donde estoy cuando no estoy en ninguna parte?
Hay un mundo detrás y otro delante. Aún lo escucho.
Parker sopla fuerte cómo empujando a un ejercito de notas dispares y relativas.
El ventilador me pega en la espalda y eso puede resultar muy molesto.
Abrí un vino a las siete de la tarde. Voy a brindar por todos los que me rompen las pelotas para que no tome más.
Ahora puse a Chet Baker. Del saxo a la trompeta hay un salto inmoral. Y además el Chet se puso a cantar. Cielo, infierno, purgatorio y millones de anillos dantescos. Todo sale de los mismos pulmones.
Si tuviese una mascota la acariciaría o le jugaría con el corcho.
Pero no tengo mascota porqué no la sé cuidar muy bien. Al menos eso dicen.
Una ex novia me regaló un gato siamés al que llamé Bepo, cómo el Gato que tenía Borges. Pero lo tuve que regalar porqué me daba alergia y se me cerraban los bronquios. Bepo era genial. Me había enseñado de que manera exacta lo tenía que mimar.
Leí a Huysmans. Caminé. Fui al museo de bellas artes a mirar el único Rothko que tienen ahí, pero cómo el museo está en reparación esa obra no estaba expuesta, o "exponida" cómo decía un vecino que no conocí muy bien.
Entonces lo saludé a Modi.
Ahora espero hasta el 13 o el 14, no lo sé. Todo depende si al hermano le tiran huevos o le hacen una fiesta. Quizá el 13 a la noche. Que se yo.
Insolente, otra vez.
Bebo otro sorbo de vino y me acuerdo de Hank. De chico prendí fuego sus novelas. De grande sus poesías me incendiaron a mi.
De chico era más viejo que de grande. En el fondo quería ser Leopoldo Lugones o Macedonio o Rubén Darío.
Hay olor a café. Yo nunca tomo porqué me da taquicardia y me pongo nervioso.
Lo que tomo es vino. Y tomo mucha agua, aunque a veces me olvido.
Ojalá que le tiren huevos y que a la noche no se haga nada. Digo, al hermano, yo me entiendo.
Insolente otra vez.
Soy principe de la embriaguez y del vino la ramera.
Voy a brindar por todos los que me rompen las pelotas con la salud y con el futuro y con esto y aquello.
Coltrane. Blue Train. "Ahhh". Es el padre nuestro.
Voy a apagar el ventilador. Voy a llenar la taza. Voy a esperar que sea lunes o martes.
Ayer no dormí bien.

En el taller de Emilio Fatuzzo

Doy un sorbo profundo de "no sé que". Se entremezclan la fascinación devenida a colores, al absurdo esquema de la creación. Hay humo en el aire; hay otras cosas. Doy un sorbo profundo de "no sé que" y a veces sabe a vino. Lo miro a Fatuzzo cómo cuando mirás un libro sabiendo que lo vas a comprar. Miro a sus alumnos mientras pintan. Ellos mundean, "universean", se deslizan en un criterio propio, sino íntimo.
Acuden a si mismos con la sola noción que infunde las desesperadas ganas de encontrarse de una vez por todas. "El arte no se puede aprender" me digo a mi mismo. Entonces la idea de aprender a pintar es una refutación en si misma. 
Entonces las obras se suceden, universos opuestos, antagónicos, indiferentes, ajenos, complementarios o sucesivos se abrazan bajo la mirada de dos ojos que son maestros y que también son ciegos. Lo hermoso de aprender es que uno no está aprendiendo nada.
Doy un sorbo profundo de "no sé que", y quizá es el sabor de aquello que llamo arte. Ese es el cáliz y no el otro.
Ahora suena Dinah Shore. En el taller de Fatuzzo siempre suena Dinah Shore, aunque escuchemos otra cosa. Porqué resulta que en este punto, es más lo que percibimos que lo que creemos percibir.
No sé que es la pintura y tampoco quiero saberlo. Cuando me vaya de acá voy a descubrir que algo fue manchado. Siempre me voy manchado. Quizá sea eso, quizá la pintura es aprender a mancharse. 




Sobre Miranda July

Comencé al revés. Primero vi "The Future" y luego "Me and you and everyone we know". Llegué llegando. Nada más. Ni siquiera sabía mucho de ella más de lo que te enterás por ahí y menos aún que era la protagonista de sus películas. (Me gusta eso. No aprovecharme del exceso de información que supone internet. En caracter de sorpresa algo se pierde). Pero vuelvo a Miranda July. Escribe muy bien, es rebuscada y meticulosa. Cada escena es una escena en particular. Sentí que escribía con ella, que decíamos las mismas cosas, que teníamos ganas de decirlas. Hace de los guiones herramientas del cine. Va con microscópio. Eso me gusta. Dirige muy bien. Las escenas, al sucederse, no pierden la fuerza que sostienen ambos films; entras, te lo crees, te reís, sos. Actúa muy bien. Sospecho que escribe pensando en si misma, en su cuerpo, en sus formas.
Llegué llegando. Eso es el cine. Cuevana me cabe. Ambas están ahí.

Me hace pensar que hay un cine que aún es anacrónico... ahora pienso en Godard.

A modo de invitación

Queridos lectores, aprovecho para "reinvitarlos" y recordarles que mañana continúo con el ciclo de lecturas en el espacio de arte Wallrod. También me gustaría comentarles un poco "de que va"; Así cómo en su momento lo hice en plaza Francia, mi idea es generar un espacio de encuentro para que muchos de los que escribimos podamos compartir nuestra obra.
 Algunas décadas atrás, era muy común que los escritores, sobre todo los más famosos, leyesen bocetos de sus obras con la intención de compartirlos o comprenderlos a través de la mirada, la aprobación -o no- y el feedback de los presentes. Por tanto, estos encuentros no intentan ser un suceso egoico en donde solo recorramos mis escritos. Por el contrario, tiene la sola intención de que cualquiera que lo desee pueda traer sus cosas, ya sea para ser leídas por otros o por si mismos. 
Mañana, por mi parte, estaré presente con algunas poesías que ya comparti en este blog y otras que aún no han sido publicadas.
Los espero entonces a partir de las 18hs.

Link de Wallrod

A las 4 y 25

El insomnio es el refugio de mi sombra.
Un viento frío que me aplasta.
¿En donde estoy cuando no estoy en ninguna parte?
La hora de la nada.
Me diluyo en tus manos, las que no tengo, las inalcanzables.
Es muerte y también es melodía.
Nado en la superficie.
Asomo la cabeza, y respiro un aire fresco, dulce, ajeno, olvidado.
Caigo otra vez.
No puedo mentir.
¿En donde estoy cuando no estoy en ninguna parte?

El silencio se amplifica.
Un lágrima se escapa de mis ojos y se desliza hacia mi boca.
Sabe a anhelo.
Entonces doy un sorbo de profundidad.
El vino es misterioso en la incertidumbre.
"Nada es cierto", me digo.
Me aferro fuerte a los sueños, para que me lleven a otra parte.



Sin tiempo de abrazar

       A Guadalupe Docampo 

Salgo del laberinto. 
Una mano me aprieta y otra se dispara.
Las luces ciegas son el tímido sueño que vengamos; cómo muros agotados, sin forma, tan llenos de distancia.
Me arriesgo al miedo que sabe pecar. De eso no me arrepiento.
Y la resonante figura de tu voz es el oscuro apego que me apega, cómo una gota de lluvia contra el vidrio, en un deslizarse eterno, gravitatorio, casi heroico.

Salgo del laberinto y no hay razones.
 Hojas acumuladas. Pies arrastrados. Sangre viva.
La cotidiana cadencia de tus silencios es una astucia que se alimenta con los años.
Sos esa violencia, lo sé. De esas cosas no se habla.
Pero también sos cada palabra. Cada libro compartido, cada tinta, cada escudo, largos años que se agolpan entremezclados.  

Te dibujo entre mis manos, para que cada verso sea un ladrillo más.
No es el tiempo, es la mitad de tu vida, y de la mía.
No es la forma, es el inevitable anhelo que aplasta, contradictorio, voraz.

Debajo de la ropa los cuerpos se escapan.
Te miro fijo a los ojos, hablo de más. 
Termina empezando... nunca corrí la mirada. 










Antes del fin

            A lo largo de la historia de la humanidad el hombre se deslizó sobre cierta fascinación que aún resulta intacta; el fin de los tiempos. Numerologías, pronósticos, profecías, anuncios, supersticiones, visiones, dan cuenta de fechas exactas y sucesos que se postulan de manera rotunda e irrevocable. Pero, ¿que hay detrás de todo esto? ¿Que motiva a las personas tomarse con tanta convicción, incluso con mero entusiasmo, la idea de un final catastrófico e inminente? Creo dar con la respuesta.
Fueron los estoicos quienes afirmaron, no con poca razón, que la muerte de un ser no es posible. Que cuando algo vivo muere ya deja de serlo, es decir que esencialmente es imposible dejar de existir. El zen afirma algo similar al situarnos en un presente infinito y no cronológico incapaz de modificar la basta y inagotable existencia.
Entonces, el final, siempre es individual. "La muerte es un asunto solitario". La muerte sólo es posible para el individuo.
La idea de un final total, de un final en masa, de un apocalipsis que se coma todo, no es más que la intención de hermanar los miedos y las angustias; es escapar del asunto cómo algo personal y dejarlo en mano de lo extraordinario. Es la evasión de las frustraciones propias y la incapacidad o la dejadez. Algo más grande -nada más y nada menos que el último final- nos puede redimir o acaso justificar, de todo lo que no logramos ser ni hacer de nuestras vidas. Nada de esto es cierto.
No me cansaré nunca de repetir que lo único posible en la vida, es encontrarnos a nosotros mismos.
Cualquier sensación egoica y masiva no es más que un inútil argumento para escaparnos de una realidad personal que no supimos abordar.



Poema para la distancia cercana

Acaricio tu pelo, enredado, porque no puedo tocarlo.
Esparzo la miel de mi boca en tu boca, tan mía y tan nada.
Acumulo placer y me hermano en los deseos que te apremian, por ser vos, por ser ella.
Te invoco, más que cómo un deseo, cómo un destino inevitable.
Si, la vida, si, las cosas, si al si, si al todo y todo en si.
Desgárrame. Envuélveme. Anúdame. Mojémonos de amor sin secarnos.
¿Que es la distancia? Un reflejo.
¿Que es la circunstancia? Un consuelo.
Enmudéceme, y voy ser llanura.
Gritar la sed. Gritar las ganas. Gritar la sombra.
Te miro ciego. Te abrazo golpeando el aire.

Respiro... algo de tu cuello se perdió en mis pupilas,
Hay olores. Hay fragancia a sexo. Huele a infancia y a semen y a distancia.
Huele a vos, huele en mi...

Si todos los tiempos en el tiempo nos eligiesen, solo cerraría lo ojos.
No hay verdad... sólo esperar.


Máxima y tanto.

Todas las personas son especiales, a pesar de que no lo sepas, ni ellas tampoco.

Avenida Segurola


Me siento en un bar. Estoy a una cuadra del estudio y en media hora comenzamos lo que será nuestro último día de grabación de voces. Tengo que ponerme los auriculares para tapar la música de fondo. Nunca entendí eso de la música funcional; ¿acaso no funciona? Muchas veces resulta un insulto a las canciones. El cine funcional no existe. Y el teatro tampoco ¿Se imaginan entrar un bar y que un grupo de actores esté exhibiendo alguna escena frente a las espaldas de una concurrencia indiferente? No sucede. Pero con la música si, no lo entiendo. Quizá muchos buscamos ruidos externos para tapar los que gritan por dentro.
Es un bar-panadería. "Entre Aromas". Huele a pan. Un viejito espera que le envuelvan las facturas. Posiblemente esta tarde espera a alguien para tomar un té o un mate y se las va a ofrecer. En las mesas de afuera un grupo de taxistas se debaten entre el ocio y las ganas de trabajar, de "yirar". A lo lejos un pibe me mira. Lo miro. Se incomoda y baja la mirada. Me mira otra vez; esta vez bajo la mirada yo. La chica de la barra lucha con la máquina de café mientras un tipo de barba la observa. Él habla por celular. Ella es linda, pero está triste. O tiene ojos tristes, no lo sé. El hombre de barba corta el teléfono, le dice algo y se rien buenamente los dos. En la mesa de enfrente dos señoras cincuentonas tienen toda la pinta de estar "chusmenado". Se las ve contentas. Me gusta que esta clase de señoras, ya sea que vayan a una fiesta de gala o a simplemente a tomar algo con una amiga, siempre se ponen lindas, "coquetas". Una de ellas tienen un saquito que me gusta. "Con un chupín puede ir", me digo a mi mismo.
Seu Jorge me canta dulcemente al oído. "Tanto tiempo pra pensar, mas no meio na correria acho que não deu". Al final hoy es un día soleado.

Me desperté pensando que lo único que realmente importa en la vida es el amor. Por lo demás, solo esto. Pequeñas cosas, lindas, que nadan en la superficie, a veces sacudidas por las olas y otra veces no.
Un té. La tremenda palabra de un amigo. Un momento con uno mismo. La mujer que amás.
Que se yo. Después de todo, la vida es tan hermosa.
Me voy a grabar.


Atrapados en el ojo ajeno

Es muy probable que al mirarnos no sean sólo nuestros ojos los que nos observan. Es muy probable que al hacerlo, llevemos a cuestas todas y cada una de las miradas que se nos posaron sobre los hombros, atrapándonos en una ilusoria versión de nosotros mismos.
En nuestras casas, en las escuelas, en las iglesias, van forjando una imagen del individuo que debe coincidir exactamente -y paradójicamente- con todo aquello que mate de lleno la individualidad. Quieren seres sociales y no seres individuales. Quieren ladrillos que sostengan la tremenda estructura de la mentira social. Y al que tenga sus propias ideas y exima su propia visión del mundo, o lo escupen, o lo crucifican, o lo encierran en un manicomio.
Las leyes, las religiones, los sistemas políticos, todos intentan que seamos iguales, que seamos una unidad.  El individuo es muy peligroso para ellos, porqué si quitamos todos los ladrillos, la casa se viene abajo.
Y es tan loco, y tan estúpido, que nos hicieron creer que el individualismo es una forma de egoísmo, y que además eso es malo.
Si fuésemos capaces de quitarnos todos esos ojos podridos que nos pusieron encima, sólo nos encontraríamos a nosotros mismos, respirando la existencia, prescindiendo, incluso, de la necesidad de mirarnos en libertad.

Pequeña serenata ciega

Al lector:

¿Porqué escribo? No lo sé.
¿Para quien lo hago? Creo que para nadie.
Sean acaso estas intempestivas palabras, habitantes de un compartir anónimo que hay entre vos, lector, y entre cada una de las letras nacientes, un intento pacífico e invertebrado por quitarme las ideas de encima.
Pienso que toda manifestación creativa, sea artística o no, es una manera de sacrificar nuestros miedos, nuestras inquietudes, nuestros interrogantes.

A veces no importa lo que estoy diciendo, ni siquiera si estás de acuerdo conmigo o no. Posiblemente el "cómo" es menos relevante que el "para qué".

¿Para qué escribo querido lector, piloteando ciegamente mis aguas, a veces profundas y otras planas?
Para que en ese contacto nos perdamos, vos y yo, en un abrazo infinito, que quiere quitarnos más de lo que nos da.

Linyera y el Diógenes

 Abrí el diario. Nunca lo leo. Nunca lo leí. Marcado por la sentencia borgeana que articuló "una noticia que dura un día no puede ser tan importante", me arrebaté, menos por obligación que por costumbre, a evitar dicha disciplina.
Abrí el diario pero no lo leí. No podía hacerlo. Lo observé cómo algo misterioso, enigmático. Traté de descifrar los símbolos ajenos que se sucedían página tras página. Kirchner. Khadafy. Economía. Déficit. Elecciones. ETA. Putin. Deportes. Remo. Inflación. Punto.
"Yo no sé nada de nada", me dije. Y lo cerré. En la contratapa estaba "Diógenes y el linyera". Me acordé de Ginzburg. Me reí.

Hace poco discutía con una persona a quien le aseguraba que yo era un "anarquista spencereano". Me dijo que tal cosa no era posible, que desde el momento que uno pisa la tierra ya es un ser en sociedad, y que Argentina era, además, una República; señalándome me dijo "uno no puede no estar en el mundo".

Me pregunto a que mundo se refería. Seguramente no hablábamos del mismo.

Máximas y dardos VIII

No hay ningún lugar a donde ir.

Máximas y dardos VII

Acudir siempre a los demás, puede ser también una desventurada forma de fanatismo.


Everness

Bajo una lucidez que sólo es posible con la desenredada visión que dan los años y la sabiduría, fue forjada la tan acudida sentencia socrática "conócete a ti mismo". Pero, ¿que fue lo que quiso decir el viejo pensador griego con esto? Mi interpretación es inmaterial y no fundamentada. Justamente porque creo que no podemos ver y sentir a los pensamientos y a las ideas de la misma forma siempre. Las ideas se modifican con nosotros. Cambian, mutan, se revalorizan o resignifican.

Sea el "conócete a ti mismo" otra forma de decir que el único cambio posible es individual.

Romper las cadenas

Una canción de Silvio, quizá de mis preferidas, anuncia; "Debo dejar la casa y el sillón, la madre vive hasta que muere el sol y hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir". Es, por cierto, una canción muy hermosa. Y es a su vez un testimonio vital y certero del comportamiento humano.
Siento -y creo vivir en condescendencia a ese sentimiento- que las personas debemos ser capaces de observarnos de una manera desprendida, capaces de anular el apego material, ya sea por las cosas, ya sea por las personas, ya sea por las ideas. Somos universo en expansión, una contradicción sucediéndose en cada instante, un río que se renueva para desembocar en el inagotable océano de la verdad.

Una observación más aguda nos lleva a pensar -a sentir- que el único cambio posible es radical y a su vez individual. Que nada de lo que hagamos en base a los otros dará cómo resultado aquello que buscamos para nosotros mismos. Debemos ser capaces de la auto-superación. Capaces de un egoísmo sagrado.

Una impronta mayor y de compleja validez, aclama a el "instante" cómo la única forma posible, y descarta la idea de lo próximo, de lo futuro. Todo es HOY.

Debo coronar este post con una hermosa frase del gran Jodorowsky; "Entre hacer y no hacer, HAZ"

Al amar

Cuando era muy chico - ¿quince años?- estaba convencido de que vivía en el infierno. De que esté mundo era el infierno. No podía creer que tanta maldad fuera posible. Miraba a las personas, miraba sus comportamientos, me observaba a mi mismo y al motor que movía el mundo, y me sentía sumido en la desesperación y el espanto. Me desvelaba la idea de una felicidad imposible.
Con los años esto se modificó. Comencé a descartar la idea de un mundo infernal y formulé una visión un poco más equitativa; estaban los buenos y los malos. Personas basadas en valores personales, conducidas por razones egoicas, ya sean buenas o malas, ya sean altruístas o egoístas.
En mi madurez, todas estas afirmaciones se desvanecieron cómo un castillo de naipes. Bastó un pequeño soplido para que yazcan en su propia ruina. Y no pude edificar nada más.

Ahora sólo creo que la única forma posible de existir es através del amor. Que la única manera de conocernos y conocer a los demás es a través del amor. Pero ¿que es el amor? Y esta pregunta pone en riesgo todo concepto.

Si todas las personas fuésemos capaces de amarnos a nosotros mismos, y en esa talidad y en esa armonía y esa felicidad bailar gozosos, puros, plenos, vacíos de toda estupidez; si fuésemos capaces de mirarnos al espejo y sonreír y cantar y ser complices de nuestra locura, es ahí cuando estamos aptos para todo lo que acontezca.

¿Alguien que se ama y ama a los demás, es capaz de dañar algo, sea lo que sea?

Es una pregunta retórica, pero la respuesta es que no.

Midnight in Paris

Me considero -impulso de las circunstancias- un insoslayable cinéfilo. La lista de los grandes es infinita, pero siempre hubieron aquellos que, a lo largo de mi vida, fueron ganando una importancia casi inevitable. Hablo de Truffaut, hablo de Godard, hablo de Bergman, de Jarmusch, de Welles, de Hitchcock, de Kim Ki-duk, Lars von Trier, Fellini, Ettore Scolla... y hablo por supuesto de Woody Allen.
"Midnight in Paris" le devolvió -a Woody- un rasgo que parecía perdido o acaso gastado; saberse él mismo. Tal auto-acusación (¿afirmación?) lo llevó, en mi parecer, a mitigar caminos nuevos pero poco poderosos respecto a lo que a base de genio y talento logró durante toda su vida. Quizá en "Whatever works" ya asomaba un vestigio de lo que para mi es el Gran Allen y no el paracaidista de films cómo "Vicky Cristina Barcelona" o la bochornosa "Cassandra's dream".
A modo de recomendación les sugiero, queridos lectores, que se apresten al disfrute de este film poco original pero no por ello genial y sensato.

PD: "Conocerás al hombre de tus sueños" mmmm...

 

Todos los amores, el amor

Entonces empiezas a correr junto a la vida, a bailarla, a saltar con ella y frente a ella. Empiezas a ver a la vida cómo una aliada de tus ganas, de tu experiencia personal. La vida empieza a florecer en las cosas más simples, sin reparo, sin permiso, se asoma y se te entrega.
"Correr junto a la vida". Lo pensé hoy mientras corría cómo lo hago todos los días desde hace muchos años.  No lo hago por salud o por razones estéticas. Simplemente es mi meditación activa. Es lo que yo entendí cómo meditación activa. Al correr despierto de mi hacia mi. Ya no soy unos huesos motrices, que utilizan su músculos cómo tracción y un corazón que los bañé de sangre oxigenada. Ya no. Después del algunos minutos, después de media hora, comienzo a perderme en el agua universal que todo lo une y lo amplifica. Entonces uno deja de ser uno y comienza el verdadero baile y la verdadera corrida.
Por eso corro junto a la vida, pues es en esos momentos en donde siento su abundancia, su riqueza. Me pasa algo similar cuando subo a un escenario o cuando me apresto al sexo sagrado.
Pero hoy me sucedió una particularidad. Algo se unió a esa celebración infinita que supone perderse en el presente. Algo en mi, en cada paso, en cada respiración agitada y vivaz, kilómetro tras kilómetro se impregnaba de una sensación nueva, un sentimiento que no había estado ahí por mucho tiempo; un argumento de la felicidad, una sonrisa expansiva, el delirio mezclado con la fascinación y la dulzura me mostraron de que se trataba: Era el amor.

Si alguna verdad me fue develada alguna vez, es que la vida es inherente al amor, tanto así cómo el amor a la vida. Que ambas cosas actúan juntas no cómo una justificación sino cómo consecuencia inevitable. Una vida sin amor es completamente inútil, así cómo lo es el agua sin la sed.
Una proeza mayor me demostró que el amor y la vida son la misma cosa.

Poema para una mujer que ya olvidé

Te disuelves, pequeña amada.
En cada palabra te disuelves.
Te leo y no me leo,
son palabras lejanas, fuera de foco, irreales.
Ya no hay aurora en la descolorida escena de tus ojos.
Sombra de la circunstancia, nadería.
No repetiré ese estribillo.

Te disuelves, antigua amada y no puedo aprehenderte.
Y si lo hiciese ¿que sería de nosotros, de los verdaderos y no de los que fuimos?
Quiero caer en ti, contigo, pero es angosto el ensueño perdido.
Te disuelves, pequeña amada, y tu piel bañada en oro, en leche, en cristales,
es la piel que ya no desearé. Inmutada, angelical, manchada de infierno.
La eternidad de un día eterno y eternizado,
el inevitable nombre, tan tú, tan vos.
La luz pequeña y diminuta que a falta de salvar sólo pudo guiar, si quiera, un lapso tan diminuto.
Una espera amarga, antigua amada, pequeña y dispar.

Te disuelves cuando te veo, eterna amada
porqué ese también es mi desvanecer.
Antigua amada, tan pequeña, tan vieja, tan nueva.

                                                                       a esa noche en Villa Gesell.





Rachmaninov, un poeta sonoro.

Siempre me gustó escribir en silencio. Lo mismo me pasa para leer. Pero hace un tiempo, probablemente un año, que tomé el hábito de escribir escuchando Rachmaninov. Las razones son muchas, comenzando con que Sergei Rachmaninov es el salvavidas de mis continuos naufragios, es mi compañero habitual en los momentos de caos y de desnudez, es mi mantra astral, mis pies sobre el aire.
 Y cómo muchos de los lectores de este blog ya saben, soy un gran mélomane -sobre todo del Jazz.  De modo que mi ineludible afición por la música clásica, por los grandes maestros de la melodía y la demencia,  es una parte esencial de mi cotidianidad. Chopin me salva. Brahms me salva. Wagner me salva, y tantos otros. Pero en Rachmaninov hay un elemento agregado y es su poesía sonora. Siento en su obra algo que no me sucede con otra, y es la fatigada moción de vida, el acierto emocional, la belleza despojada de todo margen. En él, la vida es un milagro inagotable, una iluminación constante, una construcción presente, decidida, sensible pero también temperamental.
Yo creo que todas las cosas son fundamentales, desde un atomun hasta el infinito e indiferente universo. Pero en un mundo más privado y radical -es decir el mundo propio- Rachmaninov es la sustancia que me anuncia y me disuelve.

"La espuma de los días"

Este poema nació intentando escribir una letra. Me resultó difícil esquivar las rimas, y esa musicalidad no se dejó mezclar con la canción. A veces la rima no me gusta, pero es ella quien se escurre entre mis manos y me domina. Cómo no tengo estilo, puedo, entiendo, escribir de cualquier manera.
Es un poema que escribí, cómo todo lo que escribo, inspirado en el amor. Se los comparto.

Un débil recuerdo.
Un viento partido.
El hábito de lo que he sido y no seré jamás.
El tiempo me habla.
Muere en mi de una vez,
que no es madurez mezclar el fuego con el agua.


Llevame lejos,
que todo lo que hoy dejo, lo dejo para siempre y de verdad.
Esquivas manchas de amor.
¿A que distancia estoy huyendo?
Un sueño se va cayendo cómo espuma en la soledad.


Te beso en el agonizar tremendo que es haber olvidado tu boca para siempre. 

Sobre la figura paterna.

Juan Carlos Sosa, mi padre, murió cuando yo tenía 8 años. A partir de entonces -y hasta el momento en que logré comprender de que se trataba- mis grandes amigos de la infancia y de la adolescencia, fueron personas mucho mayores que yo, incluso hasta me doblaban la edad. De alguna manera , ellos también fueron mis padres y mis maestros. Suplían el espacio que la muerte de Juan Carlos había dejado; cumplían la función de un arquetipo que podía esquivar, pero al que tarde o temprano iba a terminar acudiendo. Y este arquetipo paterno -al igual que el materno- son de radical importancia para la construcción de nuestra fuerza vital, para la pacificación con uno mismo y para la armonía con el universo que nos rodea. No podemos pensar en decorar la casa sin antes haber pensando en el reboque, y antes en los ladrillos y antes, fundamentalmente, en los cimientos.
La función del psicoanálisis moderno, en la medida que yo lo entiendo, es justamente afianzar estos cimientos, armar la casa y mostrar que es hora de tirar esos muebles viejos y gastados que son el pasado. Pero luego es uno quien elige, ya en la madurez o bien en la iluminación y en la lucidez, cuando es el momento de vaciar la casa, de rearmarla, de reconstruirla a partir de nuestra experiencia personal. Pero esto nunca va a ser posible sin antes haber aceptado estos arquetipos.
Ahora, a mis 30, ahora en mi madurez espiritual y emocional -la social me llego antes, por añadidura- siento que por naturaleza o por intuición, respeté sin quererlo, esta estructura elemental de los seres humanos. Recuerdo con amor y desapego a todos esos grandes amigos, algunos tangibles, otros invisibles, que colaboraron con la melodía que es en el Ahora, el sonido de mi corazón.

POSDATA: Releyendo a Borges, estoy seguro que tanto la literatura cómo el arte, también son esos cimientos que por causa de fuerza mayor o por elección tuvimos que aprender a reconstruir.

Emancipación

Entonces comenzás a ubicar y a trascender las situaciones. Porqué sino te quedás gobernado por un instante, por un amor, por una familia, gobernado por una idea. Para no quedar -permítaseme la obviedad- atado a una circunstancia, uno acude al empeño de superación y por ende a la determinación. Y en este incurrir que es una decisión uno debe ser tenaz, o al menos un poco frío.
Nietzsche, a quien tanto admiro y a quien le debo muchísimo, decía que el problema de la discriminación no es el problema en si, sino que lo importante es analizar al artífice y al motor de ese hecho. Es decir, que un tipo tan estúpido cómo Hitler haya utilizado la sabiduría nietzscheana con fines egoicos, no significa que la idea, "en si", sea la causa y el impulso de tales fines.
Por eso uno debe elegir, discriminar, disociar de manera tajante y personal, guiado por su visión del mundo, pero también abrazando el sentido común.
Digo todo esto porqué en el día de hoy, el cual me dediqué exclusivamente al disfrute y la agonía que supone la composición lírica, me topé, en mis descansos, con el comportamiento errático de quienes, a falta de entenderse a si mismos se destruyen, y en su destrucción quieren llevarse a todos los demás.
Eso es lo malo de los ojos que no ven más que para afuera.

Poema para esa mano.

Te toco.
Y en ese tocar que es tocarnos creo alcanzarte.
Habla el hombre y no la bestia. No hay piedad para los que vamos hasta el fondo.
Quiero besar el mar que se desliza por tu boca y nadar hacia donde no me lleve.
Impaciente. Caprichoso. Inalterable.
Escapar del laberinto para perdernos juntos, vos y yo, injustos pero reales.
Todo veneno mortal que nace de tus largas manos es la ausencia de mi moral.
Finas manos alineadas, corren la tela de tu piel y creo ver ríos de sangre, y una danza y el acento sexual de tus palabras.
Yo no sé si esta mal, pero que el secreto que guardamos sea ajeno a los demás, aventura la experiencia a un estado de vacuidad, de frescura, de insolencia... delgada mano fina.

Un poema que escribí recién.

Que escriban los poetas y no yo.
Que amen los amantes y no yo.
Que dancen los que bailan y no yo.
Que sueñen los que saben que en el sueño
se esconde el ensueño y no la pavura.

Que tu boca se encienda entre las miles de fragancias que la componen, virgen bendita, infernal.
No se lo que siento, ya que no hay más ciencia que los deseos cuando se mezclan la felicidad y el presente.
Le hablé al río y el me habló de vos. Le hablé a la noche y me habló de vos. Le hablé a mis amigos invisibles, los que ya no están, y me hablaron de vos.

La luna me aprieta. Te dibujo en la sábana gastada, manchada, contaminada. Y la forma es la misma. La ausencia, la presencia, el vacio, la inmediatez.
Tanto, todo, tengo, tengo, tengo.
El amor es la locura que no invita sino que apresta, díscola y casual, a la circunstancia imposible.

Tus manos, tus pequeñas manos, entraron volando por mi ventana pero vos ya no estabas.

tuiter

¿Usan twitter?
https://twitter.com/abril_sosa

Domingo a la noche, de noche.

Principiante, mi ánimo se postula a un deseo mayor; el de la complicidad.
Recíproco estallo y me envuelvo en el misterio que sos ¿acaso hay otra forma de ser?
No hay amor sin complacencia, así cómo no hay deseos que puedan evitarse.
Me pierdo en vos porqué en cada universo de tu cuerpo también hay algo de mi.
Hansel y Gretel acuden próximos. Una galletita tras otra plantan la vida que acumula caminos y miedos y felicidades y el cuidadoso recelo de no perdernos nunca más.
Tu espalda se transforma, habla. Es ella y no soy yo ni sos vos. Las ruinas circulares. Lo próximo. Todo mezclado.
Y cantás sedienta. Y tu canto rebota en las paredes y en mi cuerpo y yo sigo ahí.... escuchando.
Nunca sé lo que es hasta que lo siento. Esa si puede ser una verdad.
Quería decírtelo.

Adagio y un poquito Andante.

Y en eso me atrapa el insomnio o el despertar insomne. Que cosa extraña. Miro por la ventana y todavía no amanece. Afuera, los árboles se agitan vehementes, en el baile más elemental: La quietud. Me pregunto "que es la vida", pero lo hago sin propósito aparente. Es una pregunta encerrada en una respuesta. Cuando digo "¿que es la vida?" quiero decir, que es lo que se esconde detrás de toda esa experiencia que la suplanta. Vivimos corriendo de un objetivo a otro, de una meta a otra; vivimos acumulando objetos, experiencias, recuerdos; nos situamos en el tiempo y en el espacio, en el individuo, en una creencia... son mortajas.
"¿Que es realmente la vida?", me pregunté y luego me perdí en una contemplación menos genuina, menos real; la observación.

... pensé en Akutagawa y me sedujo la idea de un final patético y atroz. "Probablemente sea un deseo infantil, no madurado", pensé y fui hasta la cocina a buscar algo para tomar. Ya no quedaba más vino.


El exilio de la verdad

A eso que llamas verdad, es por lo general un sustituto de tu esencia. Tu vida es un río bravío y perspicaz, pero a su vez subterráneo, oculto, apócrifo. No en más que mugre lo que lo tapa y es en esa mugre donde te hallas. Descansas sobre la mugre, caminas sobre la mugre, vives sobre la mugre, amas sobre la mugre. Y tu río sigue ahí; un fluir inagotable, una experiencia presente, la carrera de la pureza, de la eternidad.

O te envenenas y te pudres, o tomas una pala y comienzas a cavar. Puesto que para encontrar nuestra verdad, la empirica, la fundamental, hace falta cavar ondo, hace falta desenterrar mucha mugre putrefacta que se acumuló día tras día, siglo tras siglo. Y sin pretenderlo llegas a ese manantial de frescura, improvista e inmortal, que es “Ser uno mismo”.

La verdad; la pura verdad.

Balsam fir

Cerca. Siempre es el ojo el que mira primero. Cerca. Un estallido del corazón que pierde el rumbo al ganarlos todos. Cerca. Aquella mañana en que volvimos a reír. Cerca. El juicio que nos hace menos exigentes. Cerca. El universo que escapó de un mundo devenido a chatura…

Y lejos del desprecio, de la solidificación, de los propósitos egoicos, sólo es posible un despertar saludable, enterizo, apreso y dimensional.

Nada de lo que puedas “tener” va a hacer que tengas lo que nunca tuviste. Todo lo poseemos, mucho antes de averiguarlo, incluso, sin siquiera saberlo.

Sé alimento y no predador. Esa es mi “buena nueva”, atea y temperamental.

Después de la lluvia que vino del sur

Un pequeño rayo de luz se filtro entre las densas nubes. Había pasado la lluvia. Se entremezclaron el canto de algunos pájaros con la aspereza de un violonchelo "bacheano". Nada es sano si lo observamos taciturnamente porqué así también estamos profanando la pureza existencial.

... las gotas cayeron una tras otra sobre una chapa oxidada resonando en una danza percusiva. "Está lloviendo otra vez"-pensé.

Un vestido de mamá

... por eso elegí un título auto-referencial para este posteo. En realidad el vestido no es de mi mamá sino de la mamá de otra persona. Pero la frase resulta inmaculada. La palabra "vestido" seguida de la palabra "mamá" es casi un argumento narrativo. Tampoco se refiere a un vestido en concreto; propongo un análisis despojado respecto al significado de la palabra y una libre interpretación que no evada, por supuesto, a la metáfora. Entonces tenemos un "vestido" que no es un vestido y es a su vez una metáfora, y tenemos a "mamá" cómo un elemento desencadenante, rudimental, casi épico. La frase despierta tantas imágenes que incluso podríamos pensar en un vestido heredado; quizá el vestido sea de la mamá de la mamá de mi mamá; osea mi bisabuela. (En verdad es la mamá de la mamá de su mamá, ya que cómo dije antes, el vestido es de otra mamá que no es la mía). Punto.

Entonces heredamos un vestido (heredamos muchos) que trae consigo una experiencia pasada, un peso añadido, un olor gastado y vacío. Pero seguimos sin reparar en ello. Y sin querer, olemos diferente, lucimos diferente, y con un caminar esquivo y retardado, cargamos el peso del pasado.
El vestido es social, el vestido es familiar, el vestido es cultural. Y apuesto que lo sabemos. Pero sin embargo vamos al closet y lo volvemos a tomar. Ya conocemos su tela, sabemos cual abriga y cual refresca, conocemos su tamaño, su corte, su diseño. Entonces vamos seguros.
Y una cosa que lo agrava todo, es que vamos a cuidar y proporcionar la hegemonía de ese vestido. Nos vamos a segurar que las generaciones posteriores lo sigan usando. Resulta casi patético.

Las ideas son de una utilidad muerta. Tenemos que andar desnudos de ellas. Despojados de ellas. Las ideas sólo sirven para ajustar al cuerpo un ropaje cansado, mohoso. Tenemos que andar desnudos de todas las ideas, de todos los pensamientos, de todas las costumbres que se nos imponen arbitrariamente, y cómo un remolino nos arrastran una y otra vez fuera de nuestro verdadero camino.
Con los pies descalzos y fríos, sólo quise decirte que empieces a ser vos mismo.

El individualista

Las primeras anotaciones de la mañana:

Derribamos la casa y construimos una nueva sobre los mismos cimientos.
Limpiamos el agua pero conservamos el estanque.
Danzamos de un veneno a otro cómo autómatas.
Nos falta observar, nos falta observarnos.
Nunca llegamos porqué no hay ningún lugar a donde llegar.
Punto.

Las intempestivas traducciones de la noche:

Nos falta ser más egoístas. Hace falta vivir la soledad cómo el respiro del deseo y no cómo una condición de las circunstancias. La hipérbole es sentirse acompañados; esa si que es una mentira que nos sienta bien y a la larga nos envenena.
Pero hay una estupidez mayor y es la de aborrecer la individualidad. Entonces las personas insistimos en congregarnos, es relacionarnos, en forjar sistemas que evadan, de una forma un otra, la risa afanosa y tremenda de la soledad. Pero a lo que ellos llaman risa y felicidad, yo llamo estupidez y distracción. Hay que divertirse menos y preguntarse más.

Definición:

Hasta que no rompamos con todo lo que supimos, hicimos y entendimos, jamás seremos completamente libres.
Una proeza mayor es la de ni siquiera intentarlo; el iluminado entenderá.

A la tarde en Santos Lugares.

"Nos encontramos a las seis en la placita que está enfrente de la estación de Santos Lugares"-dijo la voz del otro lado del teléfono-"y si podés traete un vino". Era la segunda vez que hablábamos. No sabía si era rubio, morocho, alto o bajo. Sólo sabía que se llamaba Emilio Fatuzzo y que me iba a llevar a las casa de Ernesto Sábato. (Poco tiempo después se convirtió en el mejor amigo que uno pueda desear).
Caminé hasta la estación de tren- vivía yo en palermo- y de camino entré en un "chino" y compré un Graffigna. En ese momento estaba muy mal de plata y no podía costear algo más caro, pero me parecía un vino muy rico. Tomé el tren. Estaba muy nervioso, porqué además, ese día, se festejaba el cumpleaños de Ernesto. Llegué puntual. Fatuzzo también. Él me pidió que lo acompañe hasta el auto que en el baúl tenía o una torta o unas masas, no me acuerdo. Pero era algo dulce.
Llegamos. La puerta estaba abierta. Un gran jardín oscuro- selvático jardín- separaba la antigua casa de la reja que daba a la calle. Lo atravesamos. Sentía mucha emoción. De alguna manera no sólo iba a conocer a Sábato, sino que también me encontraba con Borges, con Sartre, con Dostoiesvski, con Paris, con el expresionismo alemán. Entramos a la casa. Emilio le dejó el paquete que traía a una señora que se ocupaba de la casa desde hacía años y de la cual nunca supe el nombre. Apoyé el vino en un mesa donde habían otros vinos y gaseosa y algunos "sangüchitos" de miga. No había ni mucha gente ni poca. Sábato estaba sentado en una parte poco protagónica de la sala. Hablaba con una señora. Me acerqué, le di un beso en el cachete. "Feliz cumpleaños Ernesto". Era la primera de una hermosa serie de visitas. Otras con más silencio y soledad.
Estuve el rato que tenía que estar. Me despedí de Emilio y le agradecí. Estaba un poco borracho. Caminé hasta la estación de tren. Ya era de noche y algo me puso feliz. No sabía exactamente que era o quizá si. Había conocido a mi mejor amigo y había besado a un hombre que era miles de siglos, una explosión de vida, profunda, lúcida y real.
No sé si su muerte es triste o feliz. No sé si la muerte es, en primera instancia, la razón por la cual la vida se revaloriza a cada instante. Yo no sé.
Ahora pienso en él y en esta pequeña historia que les quise compartir, más para atesorarla que para otra cosa.


El Cine.

Hablemos de cine. Odiemos el cine "indie". Odiemos el culto al pobrismo artístico. Es casi religioso. Aprendamos a odiar a lo que contamina. Los defensores del mal cine, son aquellos que no pueden lograr un cine mejor... y por favor! abundan. "Hasta acá llego", por eso voy a defenderlo y justificarlo. Se da una tonta costumbre, neurótica costumbre, y es la de defender y enaltecer nuestros límites, como una manera de negarnos.
Odiemos el mal cine. Odiemos el cine "barato", repetitivo, "pretencioso" en demasía, falso. Odiemos al cine esquivo, el que se enseña en las academias pagas y no sabe explotar en los lentes.
Foco, foco, foco.
Tengo que contarte algo; Godard, Kubrik, Truffaut, Hitchcock, Jarmusch, Wong kar wai, Gaspar Noé, los hermanos Coen, Coppola, Scorsese, Lars von Trier... ayy y tantos etcéteras.
No hay mezquindad valiosa en el cine. Es un arte, es un ARTE! No lo "baratiemos"...

Hay un estúpida costumbre, y es la de defender nuestros límites...






I only drink to make you more interesting

No es malo festejar las pascuas, incluso sino eres religioso. Pero el asunto devela otra problemática mayor y resulta absoluta. Hay un sistema detrás de todo esto. Y con sistema me refiero a una estructura preestablecida sistematicamente, no a una maquinaria corporativo-diabólica. Un sistema de enganche. Es un sistema que atañe desde lo más básico hasta la profunda y compleja perfección. Desde el calendario político y las macro corporaciones hasta Lalo, el quiosquero de la esquina. Entonces ahí estás vos. Ciego. Aprovechas el feriado, te vas a la costa, agarraste el libro que abandonaste por falta de tiempo o te acordás que tenías hijos. No importa si no sos religioso, de todas formas lo estás "aprovechando". Aprovechas la excusa para la reunión, para la celebración, pero ¿te preguntas acerca de ello?
Se me viene una canción a la cabeza, "I can go with the flow", creo que es de QOTSA.
El problema es muy grande ya que este tipo de sucesos develan que no estás haciendo con tu vida lo que realmente desearías hacer. ¿Alguna vez te lo preguntaste?

Martes.

Pensé que acostarme temprano era una buena idea. Disfrutar de la mañana ahora que el frío se fue. Suspendí la salida y cómo no había nada para tomar me hice un té. Abrí un libro de Sylvia Plath en cualquier parte y leí; "Little poppies, little hell flames, Do you do no harm?". Cerré el libro y apagué la luz. El té no lo tomé, hubiese preferido un vaso de vino.
Y me pasó otra vez. Cuando el sueño me abraza y me abre la puerta, cuando llego a ese instante en el que no podemos discernir entre el lo onírico y lo real, "pum", el sobresalto, la conmoción, el horror, la desesperación... el interrogante. No pensaba en nada en particular si lo no-particular es la completa evasión de los sucesos que nos rodean.
Entonces me levanto sin más remedio que aceptar mi condición de noctámbulo. Miró de reojo la taza de té que había dejado en la silla que funciona de mesita de luz con la tonta ilusión de que ahora, sea una taza de vino.
Lo bueno de New York es que uno puede encontrar un poco de cerveza hasta en un tarro. Me cambio, voy al Grocery de la vuelta, un poco cagado de frío ("frío otra vez!"- pienso). La decisión no fue dura pero se prolongó. ¿Corona o Guinness? Me ayudó pensar que Sartre hubiese elegido la cerveza negra y me acordé de vos que decís que cuando leés a Sartre en su idioma te sentís un poco snob. Yo no lo leo en su idioma porqué no sé francés, pero de seguro que lo haría sin importarme si es snobismo o no.
Cuando llego a la caja para pagar, el tipo estaba escuchando a Shakira. Me abro la campera y le muestro una remera blanca que tengo que dice Loba, y que es de Shakira, y que un amigo me regaló una vez. Se puso contento y entonces traté de cantar la canción que sonaba, pero cómo no sabía la letra balbuceé un poco y me callé.

Vuelvo, me sirvo cerveza y escribo para el Piloto. No sabía si hacerlo en pasado o en presente ya que esa instancia es un pecado literario al cual no me siento arraigado.
Ahora sigo pensando en Sartre y en el momento en que escribió "La nausea". Nunca olvido un brevísimo capítulo que dice "Nada. He existido" y eso es todo. Caigo en la cuenta que ese capítulo se llama "Martes" al igual que, a priori, intitulé este post.
Lo más extraño de la vida es que creemos comprenderlo todo en el mismo momento que no estamos comprendiendo nada.

No voy a revisar las faltas.... publicar entrada.

Del amor y esas cosas.

El Amor es cómo el cielo, inagotable y permanente. El amor nunca puede acabar a pesar de nuestras idas y vueltas, nuestras confusiones, idealizaciones, limites, tal así cómo el cielo no acaba por más que estemos encerrados en una cueva y no tengamos acceso a él.
Pero las personas son muy extrañas. Si te fijas, si te detienes un minuto y observas cómo se relacionan, vas a notar que la mayoría de las relaciones son neuróticas y falsas, encerradas en su idealización del amor y no abiertas a un sentimiento pleno: ven las nubes y las llaman cielo.
Pero me proclamo diferente. El amor es el suceso más grato, y quizá el único, al que podemos acceder. No ensuciemos lo único que quede de humanidad con el desafió imbécil de querer poseerlo todo.

Viernes uno a las 2 y media de la mañana o De las pasiones lejanas.

Ya me resulta inusual escribir en este blog, pero necesitaba hacerlo. Algunos sucesos recientes me fastidian y trastornan. Cierta agudeza afiló mi mirada. ¿A que le tememos? ¿En donde radica la inseguridad que se siente resguardada en la tranquilidad de la posesión? Me da miedo ver cómo se relacionan las personas. Con que nivel de agresividad, de egoísmo, de invasión, construyen una felicidad esquiva y apocada, casi falsa, basada en el otro y no en uno mismo. La felicidad -tanto cómo la tristeza- en relación a los demás, no sólo que es falsa, sino que además es neurótica.
El Amor parece ser un contrato social y no un desesperado anhelo de evolución emocional. "Tu me das, yo te doy, tú me quitas, yo también."
Los celos, la ansiedad, la angustia y la falsa certeza sólo develan a un alma raquítica; de si misma y del mundo que la rodea.
Pero, a pesar de quererlo, no podemos elegir: el hombre insiste en racionalizarlo todo.

Luego viene la idea tonta, estúpida, tremenda: "Es el instinto de poseerlo todo". JA! La sobrevaloración de lo instintivo es casi la sublevación de una literatura escatológica.

Los humanos, por ser animales humanos, tenemos un miedo animal a la...

Uno debe construir su propia moral, en base a su experiencia y al significado de sus deseos. Lo demás es circo.

Cierro con una frase de Silvio: "Los amores cobardes no llegan ni amores ni a historias, se quedan ahí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador con jugar".

La justa y necesaria ausencia

Queridos amig@s, cómo dije en twitter, me despido por un tiempo de las redes sociales ya que dedicaré mi tiempo y mi energía a terminar mi primera novela y a mi nuevo proyecto musical.

Respecto a la música, hace casi dos meses que venimos trabajando junto a Paco sobre 23 canciones que seleccionamos entre tantas otras. Estamos en una etapa de definición, terminando las estructuras, decorando los sonidos y terminando las letras. Si todo sigue, a principios de mayo vamos a estar entrando al estudio.

En referencia a la novela, NiPALABRA, debo definir el final -cosa que me está resultando fastidiosa- y ponerme a corregirla con lucidez y tenacidad.

Todo esto con la finalidad de que una vez más podamos compartir la belleza y el asombro.

Espero que en esta ausencia, nuestra intima amistad siga bordada de lo fundamental, que son las canciones! Amor y Paz!

Abril Sosa.

Mi ventana II


video

En una entrevista Cortázar confesaba ser un hombre solitario, felizmente solitario. Dicha confesión me tranquilizó. No porqué me haya acercado al escritor exiliado sino porqué de alguna manera me justifica. Y en esa soledad que asumo a todo riesgo, en esa soledad que es el alimento de mi arte, de mis amores, de mis deseos, es donde, profeticamente, me encuentro.

Cada vez que me mudo a una casa, lo primero que miro son las ventanas. A partir de ahí decido la disposición de mi cuarto. La ventana no es una mirada hacia afuera. Por el contrario es una mirada interior, un regocijo, una búsqueda.
Puedo pasar horas y horas mirando a través de una ventana. Quizá sea mi mantra o quizá no.

El paraíso infernal


Todo lo que hacemos lo hacemos en base a la seguridad. Queremos asegurarnos hegemonicamente. Contratamos un seguro médico, votamos, somos seguidores de un deporte, amamos, nos casamos, tenemos hijos, trabajamos, compramos casas, autos, libros, comidas; vamos al cine, nos vamos de vacaciones; nos hacemos muchos amigos... por las dudas.
Sólo queremos seguridad; sólo queremos tapar nuestros miedos, ahogando al mundo que nos rodea y a nosotros mismos. Ahogando el encuentro con nuestra verdad.
Hay una seguridad más terrible aún; la religiosa. Nos aferramos a dioses, a curas, a budas, a gurus, a vírgenes, a "gauchos santos"... que infierno! La religión es un infierno!

La pregunta no es retórica. ¿Asegurarnos de que?

Ilustra Kokoschka

Por qué escribo o De la noche en que decidí ser un poeta y no lo logré


El deseo de escribir no se funda con los mismos motivos que otra clase de deseo. Sus raíces, profundas y elementales, ya dejaron de ser verdes. Al menos para mi. Una noche de enero, a los dieciséis años de edad, abandoné la idea de ser poeta, menos por la falta de talento que por los motivos que me impulsaron una y otra vez hacia un destino meramente musical. Actualmente, tal así cómo lo vengo haciendo durante la última década, antes con Cuentos Borgeanos y ahora con mi nuevo proyecto, fantaseo con una poesía menos decorativa, menos "movediza", pero no por ello menos genuina: las letras.

Una novela inacabada que intitulé "Ni Palabra", sigue siendo otro motivo de búsqueda estética, de belleza traducida, de entusiasmo renovado. No me impulsan otras razones que esa belleza, que esa desnudez. De esta ecuación sólo sacamos un buen resultado los que vivimos el arte cómo una forma de entender la vida y no cómo un ejercicio raquítico de una cultura que ya no se deja ver: y no hablo sólo de Argentina.

Mi hoy es otro. Es el de las delicada suma de borradores, apilados uno tras otro en mi memoria. Ya no escribo por el rauda y misteriosa necesidad de decir algo (¿acaso hay algo que decir?) sino por la inevitable emoción de poder ver el mundo con mis propios ojos.


Ilustra, a quien le debo tantos "ojos", Henri Rousseau.

¿Que es el amor?


Los sentimientos, al igual que las sensaciones que nos proporcionan los sentidos, sólo son explicables si son, ¿una experiencia compartida? ¿Podemos creer en el amor -por ejemplo- cómo un suceso de unicidad, vedado no sólo a los hombres sino a cada ser, a cada cosa, cómo si el amor fuese un todo que involucra desde la "primera molécula hasta la última" de nuestro vasto e indiferente universo? Probablemente no haya una respuesta certera, ya que las certezas se las dejamos a la razón. Entonces se nos "cruza la víbora por delante" y nos detenemos espantados, hambrientos y taciturnos, no ya por la verdad, erratica y argumental, sino por nuestro ávido corazón.
Cierta experiencia acontecida en estos días me demostró que la unicidad a la que me refiero es, no sólo un hecho posible, imparcial y raudo, sino además el motivo de mi felicidad.
Nos enseñaron tantas cosas acerca del ego, que las variaciones apoteósicas sobre su significado vedaron su sentido y su función. Por ello quizá, mis palabras suenen engreídas y "fanfarronas". Quiero decir que amar sólo es posible cuando en un segundo de iluminación y despertar nos "publicamos completos", y despojándonos de todo lo que fuimos hasta entonces entendemos que lo único posible en esta vida es ser nosotros mismos; es en ese momento cuando realmente podemos hablar de amor.
Amate a ti mismo para luego amar al prójimo.

Ilustra, mi amigo, mi hermano, mi maestro, Emilio Fatuzzo.

Acerca de la sensibilidad.


Cierta señorita cuya identidad no voy a revelar por razones estéticas, inspiró de una forma indirecta e involuntaria- no podía ser de otra manera- este post.
En una conversación que tuvimos, creo que fue la única, de esas a las que nos referimos cómo "la-primera-y-la-última", ella no reparo en insistirme que yo era demasiado sensible. Me resultaba fastidioso explicarle en detalle, ya que nunca entendería; lo que para ella era una crítica, raquítica y contenida, para mi era una noble virtud: La sensibilidad.
Escribí lo siguiente.

La sensibilidad es la lucidez borracha.
La sensibilidad es un tesoro vedado a aquellos que entienden la vida cómo un estallido de profunda felicidad, de gozo, de vitalidad.
Es la revelación corporea de emociones naturales, necesarias.
Es la inocencia. Es el niño.
La sensibilidad es ver, no solo la foto entera, sino además revelarla, decorarla.
La sensibilidad, dejando de ser un instrumento para los sensibles, es un elemento del arte, del despertar a la belleza, incapaz de manejar otro idioma ajeno a las sensaciones.
La sensibilidad es amar con los ojos, beber la tierra, perderse en los cuerpos, olvidarlo todo.
Es una danza, una antena; es el contacto, dinámico y tenaz, con la realidad que nos rodea.
¿Por qué entonces, no estás sensible?

Ilustra, "Oh el tan querido", Manet.

Atención.


Durante 9 años Bodhidharma permaneció sentado frente a una pared, manteniendo la espalda a la audiencia. La gente venía pero él le hablaba a la pared, la gente hacía preguntas, pero el le respondía a la pared.
El emperador de China, Wu, estaba muy intrigado con este hombre extraño. Le preguntó: "¿Por qué miras la pared? esto es absolutamente inaudito. Le estás hablando a la gente, deberías mirarlos."
Bodhidharma tenía lágrimas en sus ojos y, de frente aún a la pared, dijo: "He estado hablando durante años a muchas personas, mirándolas, pero siempre he encontrado que estoy hablando a la pared... oyen, pero no escuchan... parecen entender, pero solo malentienden."

Ilustra Sisley.

La soledad es vital.

El fugitivo paso del tiempo nos demuestra, nos insinúa, que algunas cosas son inevitables. Hablo de los sucesos externos, aquellos que no podemos manejar; hablo, para ser preciso, de nosotros en relación a los demás. El dilema es fundamental. Las personas estamos sujetas a un constante cambio, un irreparable cambio, ajeno a nuestra conciencia y nuestra voluntad. Es entonces imposible afirmarnos en relación a los otros de una manera estructurada, que adhiera, además, nuestros deseos y nuestra visión del mundo. ¿Cómo podemos forjar, sin embargo, vínculos? Familiares, amorosos, amistosos. La respuesta es que no podemos, la respuesta es que nunca lo hicimos, la respuesta es que hay una gran mentira en base a todo esto.
Un ejemplo. María ama a Pablo. Pablo, a su vez, la ama; este amor que ella le brinda, esta fraternidad encaja con todas sus creemcias acerca del amor. Le da cierta seguridad a sus ideas y eso hace que él mismo se sienta seguro. ¿Me siguen? Cómo el creyente que necesita continuas manifestaciones y revelaciones de sus creencias para reafirmar que sus ideas son "seguras". Bien, volvemos con que María un día se levanta y se enamora de un marinero, privando a Pablo, excluyendo a Pablo, de este vínculo de amor, al parecer, irrecuperable. ¿Que hay de Pablo, que hay de sus ideas? Se desmoronan, se cae el castillo, se vislumbran los molinos de viento. Y con ellas cae también su seguridad, la seguridad que sus ideas acerca de todo esto le proporcionaban.
Por eso digo que no podemos vivir en relación a los demás ya que todos estos sentimientos son falsos, apocados, de corta vida. Solo es posible entender y entendernos a partir de una consciente noción de nuestra soledad. "Si no me amas te amaré", cito al gran poeta chileno y del mundo.
La única manera de alimentar nuestra reciprocidad es simplemente a partir de lo que uno siente, y nada más.

Sumar su mar (Nueva canción)

Presa de mi

de mi miedo y mi rencor


Por fuego y volví en una canción


y la iluminas con tus celos y tus roces

si no hay amor, ¿que le digo a mis voces?


Sumar su mar


El juego es así

al menos fue un juego de los dos


Lo que queda para mi

se va con mi pensamiento


No quiero amar, mendigando tu dulzura

dejame a mí que estalle en mi locura


Sumar su mar


Te conocí llegada la primavera, y todavía el mundo era un vástago de rosas y emociones infantiles.

entendimos al amor cómo una necesidad del alma, acompasada por cuerpos q alguna vez se pertenecieron entre si.

te di mi amor, mi horas, mi llantos, mis notas.

la felicidad que supone asegurarse un lugar en el corazón del otro, cómo si en esta felicidad fuésemos eternos.

el tiempo fue de los dos, ese si que es un desperdicio. Tirar la comida del alma en la basura de la razón


Despedirse suena ingrato, cuando un mantra en re mayor nos escondió para siempre en "un día eterno"


Me quiero así, anhelándonos en esa realidad paralela en donde tomo tu mano, y antes de besarte te digo, "siempre te voy amar"


Amor ajeno, esa realidad paralela, no soy yo.

El axioma de los sueños (Respuesta a los comentarios)

En respuesta a ciertos comentarios un poco infantiles y despectivos, les dejo un verso de Hank (C.B.)

"Al no ser capaces de crear arte, No entenderán el arte."

get over my dear!

El encanto del silencio

Ultimamente prefiero no hablar de mis gustos. Me encuentro en alguna reunión rodeado de gente y en cuanto abro la boca se me "cataloga". Mis palabras, a los oídos ajenos, suenan impuestas. No los culpo, no todos tienen los mismos gustos. Desde muy chico me fascinaron cosas que, si no te fascinan, pueden sonarte fastidiosas e impuestas. Se me viene a la cabeza el "Ulises" de Joyce; mi primer novia, una egresada del Nacional Buenos Aires -con todo lo que esto significa- se jactaba de haberlo leído simplemente para demostrarme que lo mio era snobismo o algo parecido. Y yo, en mi silencio, ese silencio que abruma a los tontos, me procuraba de bastante valor para seguir entendiendo esa clase de conductas.
Hace poco fue igual. Me puse tenaz porque hablaba de Rothko. Todos se fastidiaron porque mi tono era agresivo y violento, pero simplemente estaba hablado, lo juro. Pero se fastidiaron igual, cómo si llevara un manual bajo el brazo. ¿Que manual? "No suena creíble citar tanto a los demás".
Otra novia que tuve, quien porta una notable inteligencia y astucia, no lo niego, me rogo que hablara por mi mismo y no a traves de aquellos a quienes admiro. Para su punto de vista, también tuve que hacerme de valor. ¿Entendés a que me refiero?

"... Ian terminó el vaso de Whisky. 'Todavía queda algo de mi en mis palabras', pensó. Se rió cómo se rie el que rie en silencio."