El axioma de los sueños

Hace algunos días que no paro de leer, una y otra vez, "Carta a un viejo amigo" de Akutagawa. Realmente me siento abatido. Una postulación de índole psicológica, mejor aún freudeana, diría que todo lo que nos conmueve es aquello por lo que nos sentimos identificados. Al diablo. Me conmueve y no hay una razón concreta: es la misma sin-razón por la que el gran poeta oriental acabo con su vida una madrugada de 1927. "Sombrío desasosiego".
Y ahora, para llegar al punto, me detengo y pienso, "realmente van a entender esto?, realmente, al lector de esto blog, le interesa mi amor por Akutagawa?". Seguramente muchos estén buscando su nombre en google en este momento, lo que menosprecia, no solo su vida, sino también su muerte, equívoca y heróica.

Ponderamos a muertos recientes, por su llegada mediática, por su inmediatez. Hace poco murió un ex presidente y no pasó desapercibido. Todos, provistos de antemano, anunciaron su falsa pantomima nacionalista y su sensibilidad barata y sin valor. Pero nadie propaga las sombras de los que realmente dieron a nuestra existencia un valor significativo. Valor, por otra parte, que trasciende a la mera política.

Hoy murió Akutagawa, hoy murió Borges, hoy murió Van Gogh, Godard, Nietzsche, Onetti, Bolaño, Chopin, Dostoievski... y las plazas estaban vacías. Cuantos voces, cuantos ciegos. Cuanta estupidez.