La pluma y el olvido.


Me senté mirando el East River, cerca del puente de Williamsburg. Leí un tiempo que no puedo determinar, y cuando cerré el libro ya estaba amaneciendo. Una brisa me helaba los brazos y me resultaba agradable. Miré las olas y me imagine siendo ellas. Se me vino una gran verdad a la cabeza y ese es el tema de mi nueva canción. No tenía donde escribir entonces tuve que memorizar. Me sentí Borges, no por lo genial de la frase, ya que no lo es en ese sentido, sino porque él, debido a su ceguera, tenía que memorizar los versos cuando nadie podía anotarlos.
Llegué con toda la intención de escribirlo pero ya lo había olvidado.
Solo me quedó esto "comienzo por terminar, y en el vacío que todo lo llena, vuelvo a ser yo".
Me gusta pensar que todo el resto está en mi cabeza (en mi corazón) y que tarde o temprano tiene que salir de la cárcel del olvido para brindarse al mundo en forma de canción.
Me pasó esto, me pasa todo el tiempo.

Ilustra Max Ernst.