Noé


Acabo de salir del MNBA. Era el último día para ver la muestra de Yuyo (Luis Felipe Noé). Se exponían ahí, a aparte de una especie de video documental y algunos instrumentos decorativos, las obras que Noé presentó en la bienal de Venecia 2009. Tengo muchas cosas para decir. Comienzo:
Noé es completamente moderno. Noé es un estallido demencial, una suma inagotable de desquicio pictórico, un loco, un asceta, un sensible. La estática velocidad, una de las obras, es... gigante. Mejor dicho es GIGANTE. Ni siquiera los once metros por tres pueden abarcar la información y la belleza, el caos y la desolación volcadas desde sus pinceles y sus elementos. Fueron cincuenta minutos de enfrentamiento y de contemplación, de admiración, de silencio. Pensé mucho en Kafka.
Es una lástima que lo recomiende hoy, ya que la muestra no existe más.
Ayer hablé de Salinger y de los grandes que ya no están. Hoy hablo de Yuyo -mejor dicho, hablo de su obra, ya que mis opiniones sobre su persona serían un antagonismo y una contradicción- porque es uno de los gigantes que aún quedan, que aún hacen, que aún nos conmueven, que aún quieren.

Gracias Yuyo.

PD: además, nos dio un hijo, que con el tiempo, pude comprender. Hablo de Gaspar.

Ilustra, Noé.