Lunes, once menos cuarto de la mañana.


De las músicas más dulces que puedan existir, las "suite para violonchelo" de Bach, entran en la primera categoría. Un éxtasis sonoro, un elixir para el espíritu hambriento del melómano mañanero.

(La imagen de Bach está, naturalmente, trucada. No creo que ese haya sido su estilo. Pero me divierte ponerla ya que rompe un poco con la actitud estructurada, falsa y conservadora que rodea el ambiente de la música clásica. Lo despoja por un rato al gran Juan Sebastián de tanta "paquetería").