Rachmaninov

Un viejo y apócrifo pensador advirtió, un siglo antes de Cristo y lejos de las martirizadas epopeyas virgilianas, que todo arte nos llega, ineludiblemente, a través del alma. Una mirada más cercana -si puedo llamar mirada a mi modesta opinión- sugiere ya, bajo la influencia y determinación de un Nietzsche tardío, que todo arte llega por medio de los sentidos e inevitablemente con ellos; el arte se siente, no se piensa.
En esta línea de pensamientos (sentimientos) entreveo el más sutil de los compromisos; el de gozar el arte.
Rachmaninov despierta en mí la más saturada evidencia de que la música no puede pensarse, ni preguntarse, ni clasificarse. Nos muestra, como si su condición de ruso del siglo XX fuese un agravante de esa misma condición, que el corazón humano es una explosión física y vital, y no un objeto que descansa en los anaqueles de una biblioteca.

Ilustra Chagall

(Una bellísima versión del Concierto para piano No.2 dirigida por el gran maestro von Karajan y con Alexis Weissenberg al piano)