The invisible man


Hay quienes necesitan ser vistos. Que el alimento de su ego y su desmesurada pasión por cacarear fuerte los lleva al servilismo más banal y simplista, a la condescendencia.
En la vida, tales inclinaciones (declinaciones) solo nos ayudan de una manera parcial y vacía.
Nuestros deseos solo responden, justamente, a sus propias exigencias. Ser visto! que desafío doblemente estúpido; más vale ser un hombre invisible y un póstumo a ser un payaso de circo barato!

Ilustra mi gran amigo, Emilio Fatuzzo.