De los imitadores del alma


Cada palabra escrita debe ser concebida en el mar de los deseos, tallada con manos de fuego y tinta de sangre. ¿Como podríamos, acaso, suspirar con las débiles pasioncitas de quienes- raquíticos de arte- no hacen más que reproducir verdades ajenas? Así como el loro parlanchín despliega una magia obtusa y payasesca, los imitarores del alma se revuelcan en su chiquero implorando un voz que les enseñe a hablar.
Y después se hacen llamar altruistas, rockeros, artistas.
Correr detrás de la sombra de un ave, no es estar a la altura de su vuelo.

Ilustra uno de Verdad; Van Gogh.